Con ocasión del ataque terrorista del 2004 en Madrid y el reciente en Londres, se ha comprobado que de las primeras informaciones ante sucesos de esa naturaleza las más fidedignas proceden del mundo financiero, particularmente de los mercados bursátiles. El pasado jueves, hasta que se conoció públicamente la explosión en un autobús urbano, la versión oficial de lo sucedido apuntaba a un accidente en el tendido eléctrico de los túneles del Metro londinense. Sin embargo, a los pocos minutos de ocurrir los sucesos, las Bolsas de Londres y Frankfurt registraban caídas como reacción de inseguridad a un atentado del terrorismo internacional.
Algo semejante ocurrió el 11 de marzo, cuando nada más abrirse la Bolsa de Nueva York sus analistas e inversores no dudaban en adjudicar las bombas en los trenes a un atentado islamista, mientras la versión oficial española mantenía la hipótesis de ETA.
Fernando Gª Romanillos