El texto de este Memoria e identidad surge de una larga conversación
entre Juan Pablo II y dos profesores de filosofía polacos que
le propusieron desarrollar un análisis crítico, tanto
desde el punto de vista histórico como filosófico, de
las dos dictaduras que han marcado el siglo XX, a su criterio: el
nazismo y el comunismo. Aquí se recogen las reflexiones del
Pontífice sobre patria y nación, libertad y responsabilidad,
la relación entre Iglesia y Estado y la construcción
de Europa, entre otras.
"Santo Padre, ¿cuál es el sentido de esta gran
erupción del mal?, preguntan los profesores polacos. Y el Pontífice
responde que no sería justa una visión de Europa basada
únicamente en la perspectiva del mal, pues caeríamos
en un enfoque unilateral. "La historia moderna de Europa, marcada
-sobre todo en Occidente- por la influencia de la Ilustración,
ha dado también muchos buenos frutos".
¿Cómo nacieron, pues, las ideologías del mal?
¿Cuáles son las raíces del nazismo y del comunismo?,
plantean los filósofos al Papa. Éste se refiere a
tres Encíclicas que comentan oportunamente la cuestión
y añade: "para esclarecer mejor este problema, hay que
remontarse al período anterior a la Ilustración y,
específicamente, a la revolución que supuso el pensamiento
de Descartes en la filosofía. El cogito, ergo sum -pienso,
luego existo- comportaba una inversión en el modo de hacer
filosofía".
Sobre el uso apropiado de la libertad, Juan Pablo II explica que
este problema "no sólo tiene una dimensión individual
sino también colectiva. Por eso requiere una solución
en cierto modo sistemática. Si soy libre, significa que puedo
usar bien o mal mi propia libertad. Si la uso bien, yo mismo me
hago bueno, y el bien que realizo influye positivamente en quien
me rodea..." y si la libertad se usa mal resulta lo contrario.
Y afirma que la tradición europea reconoce la necesidad de
un criterio regulador en el uso de esa libertad, que no se fijó
en el bien honesto sino en la utilidad o el placer. Y una respuesta
a esa ética utilitaria se encuentra en la filosofía
de Inmanuel Kant: no se puede poner el placer humano en primer plano
al analizar las obras humanas.
Respecto al concepto de "patria", Wojtyla relaciona esta
expresión con el concepto y la realidad de "padre"
(pater). La patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio,
es decir, el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia
de nuestros antepasados, con un engarce profundo entre el aspecto
espiritual y el material, entre la cultura y la tierra. Y se refiere
más tarde al significado nuevo que ha dado el Evangelio al
concepto de patria. Y en lo referido al concepto de "nación",
también en este caso conviene volver a la Sagrada Escritura,
porque en ella están los elementos de una auténtica
teología de la nación. "La nación es,
en efecto, la gran comunidad de los hombres que están unidos
por diversos vínculos, pero, sobre todo, precisamente por
la cultura. La nación existe "por" y "para"
la cultura".
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