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- Descárgate la discografía de Rocío Jurado Eran todavía las seis de la tarde cuando comenzaban a congregarse en la Catedral los primeros asistentes a esta ceremonia, presidida por el deán del templo, Antonio Astilleros, y a la que acudieron amigos como Masiel, Charo Reina, María Rosa, Malú y los toreros Palomo Linares, Jaime Ostos y Julio Aparicio. Entre un gran despliegue de medios de comunicación en las puertas del templo, el hermano de Rocío Jurado, Amador Mohedano, llegó sobre las siete y cuarto, seguido del resto de familiares, entre ellos el marido de la artista, el torero José Ortega Cano, y Rocío Carrasco, hija de su primer matrimonio con el boxeador Pedro Carrasco. Acogidos con un aplauso, los familiares se sentaron en los cuatro primeros bancos de la nave central de la catedral que les habían sido reservados, vestidos de riguroso luto y con una actitud serena durante casi toda la ceremonia.
En la catedral -que tiene capacidad para 770 personas sentadas, más las que hoy ocuparon en pie parte de las naves laterales- se desplegaron unas cuarenta personas que se afanaban por ordenar y distribuir a los asistentes, en su mayoría mujeres, que con insistencia sacudían sus abanicos. Una vez que se pidió que se apagaran los teléfonos móviles y que se guardara silencio, comenzó el oficio religioso, en el que se cantaron piezas habituales en las misas de funeral, como el salmo "El Señor es mi pastor" o el ofertorio "Entre tus manos". El deán de la catedral hizo hincapié en la fe de Rocío Jurado y en su "muerte cristiana, pidiendo los sacramentos", motivo por el que aseguró: "el mejor homenaje" a la cantante "sería un compromiso de fe entusiasmante". Asimismo, recordó la devoción de la artista por la Virgen de Regla. "Tú te has encontrado con la Virgen y con ella serás bienvenida y feliz siempre", dijo Astilleros durante el oficio, en el que hubo momentos de prolongado silencio.
Inicialmente, se había anunciado que al término de la ceremonia la familia recibiría el pésame de los asistentes, aunque después de los tres cuartos de hora de oficio religioso, se suspendió la muestra de condolencias. Entonces, cuando los familiares -agradeciendo el afecto de los presentes- comenzaron a salir del templo por el pasillo que conduce a la puerta central de acceso a la calle de Bailén, se escuchó un sonoro aplauso, que no hizo más que aumentar la emoción. Ya en la calle, una nube de reporteros gráficos aguardaban junto a varios centenares de ciudadanos que habían permanecido fuera durante la ceremonia religiosa, motivo por el que una gran multitud se congregó a las puertas de la catedral, tomando fotos con sus teléfonos móviles e invadiendo parte de la calzada.
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