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Slow food, slow cities, slow sex... 19-06-2008
Déjate envolver por la slow life
Si tu vida se ha convertido en una carrera de Fórmula-1 y necesitas pisar el freno, te damos las claves para descubrir una nueva forma de vivir que cambiará tu perspectiva del tiempo para siempre: la ‘slow life’. Es una filosofía basada en los que los suecos denominan “vida lenta”, donde se valora más la calidad que la cantidad.
Párate un momento en uno de los nudos de la red de carreteras de tu ciudad y observa. ¿Qué ves? Cientos de conductores que circulan a toda prisa como si la vida les fuera en ello, tocando el claxon y acelerando cuando los semáforos indican con su color ámbar que están a punto de cerrarse. Éste es el ‘pan nuestro de cada día’, típicas muestras de ansiedad que son sólo un reflejo de cómo llevamos el resto de nuestras vidas.
Vivimos en una sociedad que rinde culto a la velocidad, “cuanto más rápido mejor”, nos dicen. ¿Y al final qué nos queda? Estrés, angustia y mal humor que proyectamos en la familia, en el trabajo y en nosotros mismos. Es lo que el médico estadounidense Larry Dossey denomina “enfermedad del tiempo”, la ansiedad que provoca el sentir que no se está viviendo, cada vez que hacemos un alto en el camino.
Pues bien, reivindiquemos lo lento. Combatamos la tiranía del tiempo con un arma altamente poderosa: la slow life. Es la cultura que apuesta por una vida lenta, apacible, desacelerada, en definitiva, más humana. La slow life propone saborear la vida sorbo a sorbo en las slow cities, lugares donde se practica el slow food y el slow sex y donde se paran las horas para disfrutar de los minutos, donde se vive el presente sin estar obsesionado con el futuro. El slow down ya se practica en muchos entornos económicos globalizados, aplicado a casi todos los aspectos personales de la vida diaria. ¿El resultado? Beneficios para la salud, las relaciones afectivas, la alimentación, la educación, el trabajo...
Así que detén tu reloj interior, conéctate a iSerenity (www.iserenity.com/) y déjate envolver por el sonido del mar mientras lees esta arenga sobre una nueva filosofía de vida que se revela contra la dictadura del tiempo.
Luchemos contra el fast food con el slow food
El movimiento Slow Food nació en Bra, Italia, cuna de su fundador Carlo Petrini (“Estamos esclavizados por la velocidad y todos hemos sucumbido a su virus. Luchamos por el derecho a establecer nuestros propios tiempos”). En realidad se denominó “Libera e Benemerita Associazione Amici del Barolo”, después “ArciGola”, para internacionalizarse con la firma de “Il Manifesto” en París bajo el término “Slow Food”.
Entre fogones, el movimiento se fue cociendo a fuego lento, bajo la bandera de muchos restaurantes que enarbolaban su apuesta por la cocina ‘home made’, que respetara los tiempos de cocción y preparación reales, tal y como lo haríamos en casa. Un canto a los alimentos artesanales y el gusto por la comida reflexiva, dándose tiempo a saborear cada bocado, solos o en compañía de amigos y familiares. Es decir, la cultura slow food se revela contra la invasión homogeneizadora del espíritu fast food y, en general, de la fast life. Y es que comer ensaladas prefabricadas en envases de plástico delante de la pantalla del ordenador es, para muchos, algo habitual. En España consumimos unos 500 millones de comida preparada al año, convirtiendo esta tendencia en una de las causas, junto con el sedentarismo, de la obesidad.
La Slow Food International Association, cuyo símbolo es un caracol, está reconocida oficialmente por la FAO y aboga por salvaguardar las tradiciones gastronómicas regionales, con sus productos, métodos de cultivación y de cría. Hoy agrupa a más de 80.000 personas en 104 naciones de los cinco continentes.
Slow Food organiza algunas de las ferias más importantes dedicadas a la alimentación, entre las que destacan el “Salón del Gusto”, en el Lingotto de Turín (en años pares), el “Cheese”, en Bra (en años impares) y el “Slow Fish”, creada para atraer la atención del gran público hacia los problemas vinculados al mundo del mar. También ha promovido la creación de las universidades de ciencias gastronómicas de Pollenzo (provincia de Cuneo) y Colorno (provincia de Parma), en colaboración con las regiones del Piamonte y Emilia-Romaña. Destacar, además, el proyecto “Arca del Gusto”, un censo de productos alimenticios locales en peligro de extinción.
Objetivos
Según el estatuto de Slow Food Italia, los objetivos de la asociación son:
- Otorgar dignidad cultural a las temáticas relacionadas con la comida y la alimentación.
- Individuar los productos alimenticios y las modalidades de producción ligados a un territorio, en una óptica de salvaguardia de la biodiversidad, promoviendo su categorización y protección en tanto que bienes culturales.
- Elevar la cultura gastronómica de la ciudadanía y, en particular, de las generaciones más jóvenes, con el objetivo de lograr la plena consciencia del derecho al placer y al gusto.
- Promover la práctica de una calidad de vida distinta, basada en el respeto al ritmo y tiempo naturales, al ambiente y la salud de los consumidores, favoreciendo la fruición de aquellos que representen la máxima expresión cualitativa.
Slow attitude: trabajar menos para producir más
Según la Business Week, en 2006 los operarios franceses fueron más productivos que los estadounidenses o británicos, a pesar de trabajar sólo 35 horas por semana. Y las empresas alemanas que implantaron la semana de 28,8 horas de trabajo, vieron su productividad aumentar en un loable 20 por ciento. Y qué decir de los suecos, cuya jornada laboral no supera las 32 horas semanales, pero cuyos resultado son, sin duda, espectaculares. La llamada slow attitude, basada en el trabajar para vivir y no vivir para trabajar, está llamando la atención de países como Estados Unidos, discípulos del “fast” y del “does it now!”.
Esta actitud sin prisa no impide la calidad del trabajo realizado. Está comprobado que la jornada laboral de menor tiempo mantiene la concentración y creatividad de los empleados para desarrollar sus funciones, de una manera más eficaz y eficiente. A este respecto, y siguiendo con la filosofía del caracol, un ambiente de trabajo menos coercitivo, más afable y más alegre, evitará la competitividad negativa y el estrés, lo que repercutirá favorablemente en la salud y en las relaciones interpersonales. No estamos hablando de lentitud, muy al contrario, nos referimos a disponer del tiempo necesario para ejecutar una acción con tranquilidad. También significa el respeto a los demás y por los demás. Para conseguir estos objetivos nada mejor que optimizar recursos y apoyarse en un nuevo concepto de empleo socialmente inteligente, asentado sobre las nuevas tecnologías, la biodiversidad, la reivindicación de las culturas locales y la identidad.
Grandes empresas de Austria, Japón, España, Italia, Noruega, Canadá, Brasil, México, Líbano o Colombia, comienzan a abrazar esta tendencia. Entonces, ¿por qué la Comisión Europea se empeña en proponer la jornada laboral de 65 horas? ¿No estamos dando un paso atrás?
Slow cities, las ciudades lentas
El Slow Food ha impulsado el movimiento slow cities, donde pueblos y ciudades, de forma espontánea, han suscrito el compromiso de incrementar la calidad de vida de sus ciudadanos a través de unas normas tácitas que se oponen al ritmo endiablado que generalmente imponen las grandes metrópolis.
- Restricciones de tráfico en los centros urbanos y circulación en coche o andando sin prisas.
- Políticas de infraestructuras respetuosas con las características de la localidad.
- Salvaguarda de los alimentos tradicionales, promoviendo espacios y ocasiones para el contacto directo entre consumidores y productores, y apoyando a agricultores, comerciantes, mercados y restaurantes en la venta de sus productos.
- Ciudades con muchísimas zonas verdes y peatonales, sin vallas publicitarias ni letreros de neón.
- Colegios sin competitividad, donde queda expresamente prohibido el estridente sonido del timbre.
Existen "ciudades lentas" desde Noruega hasta Brasil, y varias decenas de ellas sólo en Italia. Por ejemplo, Bra, de 15.000 habitantes, ha firmado un manifiesto con 55 promesas pro-slow.
Quienes disfrutan de este nuevo entorno para vivir, aseguran disponer de más tiempo para trabajar, reflexionar, pasear… ¡a pesar de tener que circular como máximo a 60 kilómetros por hora!
Slow sex, slow travel, slow sport…
Así como se come lento para saborear mejor los alimentos, se circula sin prisas para eliminar el estrés, o se reduce la jornada laboral para producir más, el slow se ha convertido en un adjetivo superpuesto a infinitos términos como el sexo, el deporte… ¡o los viajes!
Si hablamos de relaciones íntimas estamos hablando de slow sex o sexo trántico, una práctica tradicional en los países asiáticos, que ahora acogemos como si de algo nuevo se tratase. Esta mezcla de orientalismo y ‘new age’ en la cama, nos permite saborear cada rincón del cuerpo de nuestra amante, alargando el éxtasis hasta límites insospechados. Bañarse juntos, poner música, velas, en definitiva, hacer el ambiente más agradable, ayudará en la misión. Lógicamente fuera televisión, relojes, teléfonos o todo lo que nos pueda interrumpir la entrega en cuerpo y alma del uno al otro.
El deporte también se ha dejado inundarse por la filosofía super-slow. En la sociedad de hoy el deporte como instrumento para el culto al cuerpo se ha convertido más que en una actividad de ocio en una obligación que genera un auténtico estrés. La idea es no convertir esta actividad recreativa en un suplicio, manteniendo sus características de esfuerzo y rigurosidad. También hay deportes más slow que otros. Por ejemplo, el montañismo o la pesca permiten a quienes los practican cambiar de escenario, lo que les reporta una nueva dimensión mucho más grata. Las actividades físicas compartidas con amigos o con los hijos es otra opción muy positiva, además de para el cuerpo, para el espíritu.
Y si hablamos de tiempo libre siempre pensamos en coger las maletas y despegarnos durante unos días de la rutina diaria. Pero en muchas ocasiones, viajes es sinónimo de estrés, prisa, ansiedad. Para evitar esto el slow travel nos ofrece una manera diferente de perderse donde no existen itinerarios ni rígidos horarios. Sólo se necesita una cámara de fotos o de vídeo, una libreta para apuntar todas las experiencias y un buen libro, para inundarse del espíritu aventurero y dejarse llevar por el entorno.
Meditación y algo más
Los vehículos para conseguir ser un hombre slow son la meditación, la homeopatía, la biocultura, el chi kung (rama de la medicina tradicional china) o el tranta. También promueve el uso de productos naturales para el tratamiento de las dolencias, como los jabones de laurel y oliva (www.jabonesdeoriente.com), o el calmante aromaterapia “Peace of Mind”, de Origins.
Muchos han tomado nota de esta corriente de pensamiento y han enfocado sus negocios a este aspecto de la vida. Por ejemplo, la meditación se convierte en la finalidad de El Observatorio (www.elobservatorio.org), un relajante y sencillo espacio de recogimiento donde se ofrece cursos de iniciación con diferentes formatos y sesiones de práctica diarias con orientación y apoyo. También se ofrecen conferencias y seminarios de maestros de la meditación de diferentes tendencias, para adentrarte más en los entresijos de esta apasionante disciplina, y programas de meditación para empresas dirigidos a favorecer la claridad mental, aumentar la productividad y la eficacia y para desarrollar capacidades como la empatía o saber escuchar. Además, en El Observatorio tienen cabida otras disciplinas como el arte, la poesía o la creación audiovisual, para que puedan ser disfrutadas y compartidas.
También el Hotel & Golf Resort Penha Longa (www.penhalonga.com) en Sintra (Portugal) ha sido concebido para la calma.
Terra / Miriam Montero. Sport Managers



