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El líder de la mayoría republicana en el Senado, Bill Frist, dijo en un comunicado que el proyecto de ley 'establece formalmente los tribunales que juzgarán a los terroristas y provee una herramienta clave en la lucha contra el terrorismo'. Según Frist, la mano justiciera que facilita esta medida también es un alivio para los familiares de las casi 3.000 personas que perecieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001. El objetivo de los republicanos, con vistas a los comicios del próximo 7 de noviembre, es aprobar el proyecto de ley y destacarlo entre sus logros en la lucha antiterrorista. La oposición demócrata, que intenta recuperar el control de al menos una de las cámaras del Congreso, insiste en que la medida va muy lejos y será rechazada por los tribunales. Los demócratas consideran que el proyecto permitirá juicios injustos y abusos durante los interrogatorios de los extranjeros ahora detenidos en la base naval de EEUU en Guantánamo (Cuba). La medida amplía la definición de los 'combatientes enemigos' a cualquier persona que ofrezca apoyo financiero y material a grupos terroristas.
'Esta alarmante definición de los combatientes enemigos significaría que casi todos los que se opongan al presidente o al Gobierno (de EEUU) podrían ser encarcelados indefinidamente. Este proyecto de ley es una burla al imperio de la ley', dijo Bill Goodman, director para asuntos legales del CCR. Los grupos humanitarios coinciden en que al hacer caso omiso a los principios fundamentales de la diplomacia internacional, EEUU sólo conseguirá distanciarse de sus aliados y mermar la cooperación de la comunidad internacional. La Unión Estadounidense para las Libertades Civiles (ACLU) dijo que la medida es 'un drástico revés para los derechos humanos' porque, entre otras cosas, da al Ejecutivo 'licencia para minar la protección de los derechos humanos bajo la Convención de Ginebra'. El mayor desacuerdo entre demócratas y republicanos giró en torno a la eliminación de una cláusula que ofrecía a los prisioneros el derecho a impugnar su detención en los tribunales estadounidenses. Los demócratas, en su mayoría, piensan que con esa eliminación el Gobierno de EEUU estaría poniendo en riesgo a las tropas que ha desplazado en el mundo. Bush no tuvo más remedio que recurrir al Legislativo después de que en junio pasado el Tribunal Supremo fallara en contra de los tribunales militares establecidos por el Pentágono. El Tribunal Supremo consideró que esos tribunales violaban tanto las leyes estadounidenses como el derecho internacional, y dejó en manos del Congreso la tarea de idear una ley sobre el trato y enjuiciamiento de presuntos terroristas.
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