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Al parecer, los ocho soldados fueron raptados al azar la noche del sábado cuando salían de un cuartel de Chilpancingo, a unos 80 kilómetros del afamado balneario de Acapulco. Horas después sus cabezas fueron halladas junto a la de un abogado dentro de bolsas de plástico en una transitada avenida de la capital estatal y sus cuerpos a kilómetros de distancia. "Por cada elemento que nos maten, les vamos a matar a diez. Hijos de su puta madre. Atentamente: Ya saben quién", rezaba un mensaje hallado junto a las cabezas, según dijo un oficial de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal.
El ataque "es una venganza enfermiza y ruin", reconoció Alonso. Los principales cárteles que operan en esta zona son el del Golfo y el de Sinaloa, que encabeza el prófugo Joaquín 'El Chapo' Guzmán, dos de los más poderosos del país. "Estos dos (cárteles) son los responsables más probables, pero no importa cuál sea. Estoy seguro de que van a llegar a niveles mayores de violencia con actos cada vez más creativos", dijo Edgardo Buscaglia, asesor de las fuerzas de operaciones de paz y profesor visitante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Al involucrarse en la lucha antidroga, los militares se están convirtiendo cada vez más en objetivo de los cárteles, que a su vez están inmersos en una guerra por el control de las rutas de tráfico de droga hacia Estados Unidos. Según Buscaglia, este impactante suceso no supondrá ningún punto de inflexión en la lucha entre los narcotraficantes y las fuerzas de seguridad. "Vienen matando militares desde hace mucho tiempo, han tirado granadas contra la población (...) Es la tendencia normal de incremento de violencia que sucede cuando el Estado no desmantela las estructuras financieras de las organizaciones criminales y sólo se dedica a perseguir físicamente a sus miembros", consideró el experto. A los grupos de narcotraficantes se les atribuyen la mayoría de los más de 5.300 asesinatos en lo que va de año, una cifra que dobla ampliamente la de todo 2007, en un país donde el 98% de los crímenes quedan impunes, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Junto a la escalada del número de crímenes también se ha multiplicado el nivel de crueldad. Las decapitaciones se han convertido en 2008 en una nueva marca de los asesinatos del crimen organizado. Precisamente en Acapulco se hallaron en 2006 los dos primeros cuerpos descabezados frente a instalaciones policiales. Desde entonces se han registrado en Guerrero al menos dos episodios más de decapitaciones, incluidas las de dos policías.
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