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Según los sondeos, Sarkozy, de 52 años, sigue siendo el favorito de la segunda vuelta y el candidato más convincente de estas elecciones, pese a que su adversaria apareció especialmente combativa y firme en el debate de casi tres horas que ambos celebraron el miércoles en la televisión. Desde Lille, al norte del país, Royal aseguró ante 20.000 militantes que ya la llamaban 'presidenta', que la 'victoria' socialista estaba 'al alcance de la mano'. 'Siento vuestra amistad, vuestra cercanía y vuestra energía. Siento simplemente que nos queremos (...) El próximo domingo, la victoria que tanto ansiamos, por el bien de Francia, estará al alcance de nuestra mano', clamó. Los dos aspirantes a reemplazar a Jacques Chirac dejaron claro que los franceses deberán elegir el domingo entre dos formas diferentes de sociedad. Mientras la socialista insistió en una idea de Estado maternal y defendió un país en el que se haga política 'de otra manera' y la ley del más fuerte desaparezca, Sarkozy subrayó de nuevo el valor del trabajo, la lucha contra la inmigración ilegal y la necesidad de un Estado fuerte que dé seguridad a los ciudadanos. 'En estos dos días necesito vuestro ardor, entusiasmo y energía para decir a Francia que estamos unidos y que tenemos la voluntad hacer triunfar la República y la nación francesa', insistió el candidato conservador. Consciente de la imagen de hombre autoritario y brutal que le reprochan sus adversarios, el candidato adoptó un tono particularmente sereno y conciliador. 'Yo no quiero unir a los partidos, sino a los franceses, más allá de diferencias partidarias, apoyado en valores y en convicciones, que son más importantes que las etiquetas', prometió. Sus palabras tuvieron hasta un cierto regusto a izquierda y subrayaron ideas como el bien común, la libertad, la humanización de la política o la necesidad de construir una 'república fraterna' en la que todos sean respetados. 'Quiero hablar de los problemas de los franceses sin ser acusado de demagogo. Quiero ser portavoz del pueblo francés. Quiero ser el candidato del pueblo francés, de la Francia que sufre', clamó Sarkozy, que criticó de nuevo duramente la herencia del mayo del 68 francés. Por su parte, Royal realizó un último intento por conquistar al electorado de centro, que representa casi siete millones de votos. 'Mi decisión está tomada. Si soy elegida trabajaré con el centro y con François Bayrou en particular', declaró claramente la candidata. Bayrou, presidente del partido UDF, fue el tercer político más votado en la primera vuelta, el pasado 22 de abril, cuando consiguió más del 18% de los votos. El líder de centro no declaró directamente que votará a Royal pero sí dejó claro este jueves que en ningún caso apoyará a Sarkozy. Según los institutos de sondeos, Sarkozy, que consiguió un 31% de votos en la primera ronda, contaría con un apoyo mayoritario de la extrema derecha, pese a que su líder, Jean Marie Le Pen, instó a la abstención, y con algo más de un tercio de los votos del centro. Por su parte, Royal, que consiguió algo menos del 26% de los sufragios el 22 de abril, recibiría la mayoría de los sufragios de la extrema izquierda y de más de la mitad del centro.
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