Chinalco protagoniza mayor adquisición exterior china con compra de Rio Tinto
Aluminium Corporation of China (Chinalco), adquirió el pasado viernes, junto con la estadounidense Alcoa, un 12 por ciento del capital de la minera anglo-australiana Rio Tinto Plc, que cotiza en Londres, por 14.050 millones de dólares (9.433 millones de euros).
La compañía estatal desembolsó más de 12.800 millones de dólares por su participación, realizando así la mayor operación comercial de una empresa china para su expansión internacional, en lo que los analistas ven como el primer posicionamiento para la futura compra del gigante anglo-australiano.
Hasta la fecha, el récord en adquisiciones de China lo ostentaba la compra de un 20 por ciento del South Africa's Standard Bank por parte del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), por un importe de 5.460 millones de dólares (3.689 millones de euros).
El grupo Rio Tinto está formado por dos sociedades: Rio Tinto Ltd, que cotiza en Sidney (Australia) y representa un 20 por ciento del capital, y Rio Tinto Plc, hace lo propio en Londres, representa el 80 por ciento restante y es la rama por la que se pelean dos contendientes: Chinalco con Alcoa y por otro lado BHP Billiton.
De hecho, el pasado mes de noviembre BHP ya presentó una oferta de compra por Rio Tinto, consistente en el canje de tres acciones suyas por una de Rio Tinto -que otorgaba a la empresa un valor aproximado de 62.400 millones de libras esterlinas (82.867 millones de euros)- y que fue rechazada por los accionistas por considerarla 'muy infravalorada'.
Según la autoridad reguladora del Reino Unido, BHP tiene de plazo hasta el próximo miércoles para pujar de nuevo y algunos analistas opinan que podría verse obligada a mejorar la oferta.
Los mercados habían especulado largamente con un contraataque por parte del Gobierno chino, principal cliente de Rio Tinto y BHP y que veía una posible fusión como una amenaza para el acceso a las materias primas y a un aumento unilateral de los precios.
Sin embargo, desde Australia -casa madre de Rio Tinto-, la oferta ha tenido una acogida furibunda y se ha acusado al gobierno chino y a la compañía estatal de querer tomar el control de los recursos minerales del país.
Chinalco se mantiene a la expectativa de los acontecimientos, aunque la prensa inglesa aseguró ayer que el Gobierno chino proveerá 120.000 millones de dólares (más de 81.000 millones de euros) para luchar en la previsible subasta para hacerse con Rio Tinto.
Estos movimientos responden a la línea impulsada por Pekín para que sus principales empresas se expandan en otros mercados, sobre todo en países en desarrollo.
El de Chinalco es uno de los principales ejemplos de cómo las compañías chinas de mayor tamaño están dando sus primeros pasos en inversiones en mercados internacionales, siempre capitaneadas por la necesidad de garantizarse las materias primas que sostengan el crecimiento del país, sobre todo a través de acuerdos con Africa.
Así, petroleras como CNPC, CNOOC y Sinopec adquirieron participaciones significativas en explotaciones de crudo en Nigeria, Angola, Argelia o Chad, mientras que con países como Yemen e Irán se alcanzaron acuerdos por valor total superior a los 20.000 millones de dólares (13.490 millones de euros) para pozos e instalaciones de extracción de gas natural.
Del mismo modo, las compañías mineras chinas han logrado el control de explotaciones de cobre, aluminio y oro en América del sur (Bolivia, Chile, Perú) y la propia Australia, zonas especialmente ricas en estos minerales.
No obstante, China también está diversificando sus inversiones hacia productos tecnológicamente y financieramente más elaborados.
La Corporación de Inversión de China (CIC), una firma estatal creada por Pekín para obtener mayor rentabilidad de su enorme reserva de divisas -con un total de 200.000 millones de dólares asignados para gestionar-, invirtió a su vez en la firma de capital riesgo estadounidense Blackstone por 3.000 millones de dólares.
Más conocido es el caso del grupo informático chino Lenovo, que en 2005 adquirió la división de ordenadores personales de la estadounidense IBM por 1.250 millones de dólares, convirtiéndose en el buque insignia del salto económico chino al exterior.