Aunque los chinos casi no consumen salsa de tomate, el gigante asiático es el principal exportador mundial de este producto, y su mayor comprador, Italia, donde miles de toneladas de tomate chino de dudosa calidad se convierten en salsas.
La amenaza china se cifró en 2006 en una producción de 4,4 millones de toneladas de tomates destinados al concentrado, frente a 11 millones de EEUU y 8 millones de la Unión Europea, según cifras del Consejo Mundial del Tomate Transformado.
La producción china de tomate ya procesado (concentrado), equivale a unas 750.000 toneladas de concentrado, que según expertos citados por la publicación sectorial china 'Primera Página de Alimentos', serán 1,5 millones de toneladas en 2010.
Más de un 90 por ciento de este concentrado a granel se vende a fabricantes internacionales de salsas variadas y 'ketchup', la tradicional salsa para hamburguesas, y por continentes Africa y Europa son sus principales compradores.
Las mayores bases tomateras chinas se concentran en las regiones occidentales de Xinjiang y Gansu y en la septentrional de Mongolia Interior, con un sistema de recolecta y de entrega a planta cuyas condiciones higiénicas a menudo dejan mucho que desear, según explicaron miembros de la Asociación Mediterránea del Tomate (Amitom) que visitaron estas plantas recientemente.
Millones de campesinos entregan sus pequeñas cosechas a los principales productores, Tunhe (Cofco) y Xinjiang Chalkis (segundo mayor productor mundial de ketchup).
A pesar de que el Gobierno chino ha reforzado los controles sanitarios tras numerosas intoxicaciones producidas por sus productos en todo el mundo este año, los campesinos de estas zonas son extremadamente pobres y suelen abusar del pesticida.
En el último año Italia superó a Rusia como el principal comprador de este concentrado, al adquirir hasta junio de este año 94.839 toneladas, con un 61 por ciento de incremento.
La prensa de Calabria (Italia), calificaba el asunto de 'grave y preocupante', una preocupación que han vivido otros países productores como España, Turquía y Alemania.
Sin embargo, la cantidad importada por Italia es inferior al récord de 98.000 toneladas registrado en 2005, cuando los productores del sur empezaron a comprar pasta china para re-exportarla a Africa, aunque parece que una parte se quedó por el camino con una etiqueta 'made in Italy'.
'La ley tenía el objetivo de limitar la presencia y uso de productos re-elaborados importados, principalmente desde China', explicó a Efe Francesca Musiani, de la Cámara de Comercio Italiana en Pekín.
'Además, un 20 por ciento de los alimentos chinos importados en Italia no cumplen con los estándares sanitarios', añade Musiani.
El escándalo culinario forzó a Roma a aprobar una ley en 2004 que obligaba a los productores a indicar el país de origen en la etiqueta, pero el Consejo de Ministros italiano acaba de aprobar otra ley que discutirá el Parlamento, para permitir revocar la obligatoriedad de especificar el origen.
Esta ley redujo las importaciones italianas hasta unas 63.160 toneladas en 2006, según estadísticas chinas.
Los chinos temen que la reforma de subsidios agrarios en la UE y la revaluación del yuan se traduzca en obstáculos a su producción barata, y reconocen que tienen que eliminar restos de pesticidas en su tomate, aunque la calidad de las principales marcas es buena.
'Aunque China parece una gran amenaza para la industria, se exagera', dijo a Efe Duncan Blake, presidente de Amitom. A pesar de su bajo precio, los chinos 'tienen problemas con las entregas, y muchos clientes europeos prefieren la calidad local'.
Algunos compradores critican la facilidad del chino para romper un contrato cuando sube el precio en el mercado internacional.
El enorme incremento de producción y exportación china se produce en un momento en el que el mundo consume más tomate, explica Blake.
Pero los productores occidentales se quejan de que este tomate tiene que cumplir unas condiciones higiénicas: 'Es la preocupación que hay en Europa, EEUU o Chile', explicó a Efe Juan José Amézaga, consultor del sector. 'En Europa prohíben usar ciertos pesticidas y aplican controles salvajes de seguridad, y abren la puerta a productos foráneos sin control'.