La violencia en Sao Paulo despierta fantasmas de la dictadura
La sospecha de que 'escuadrones de la muerte' policiales actuaron durante la ola de violencia desatada en Sao Paulo por una banda mafiosa despertaron en Brasil los fantasmas de la dictadura, que se creían sepultados desde hace más de 20 años.
Entre los pasados 12 y 19 de mayo el corazón financiero de Brasil fue sacudido por una auténtica 'guerra urbana' que causó la muerte de entre 133 y 187 personas, según distintas cifras que no terminan de estar claras en medio de continuas contradicciones oficiales.
La violencia fue desatada por el Primer Comando de la Capital (PCC), una banda mafiosa nacida en los penales de Sao Paulo hace 13 años y que ha expandido sus tentáculos por los presidios y las calles de casi todo el país.
Durante esa semana las calles de Sao Paulo se regaron con sangre de policías primero, que fueron abatidos por delincuentes del PCC, y después con la de por lo menos 79 'sospechosos', como la Policía ha decidido llamar a los muertos en supuestos enfrentamientos.
Ninguno de los muertos de esos días ha sido identificado de forma pública hasta hoy y las autoridades de Sao Paulo sólo entregaron una lista no divulgada al Ministerio Público el pasado viernes, después de que esa institución del Estado les diera un plazo.
Al menos una treintena de esas víctimas del caos fue enterrada hace más de 10 días en fosas comunes, sin que las familias hayan sido informadas, como pasaba con los llamados 'NN' de la época de la dictadura militar.
'Es una vergüenza que recuerda los peores episodios de la época de las dictaduras en América Latina', dijo a Efe el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, Cristovao Buarque.
Según el senador, lo ocurrido 'es extremadamente grave' y 'hay una sospecha muy grande de que ha habido una gran violación de los derechos humanos' a lo largo de esa semana de violencia.
Organismos humanitarios han denunciado que durante esos días operaron en Sao Paulo 'escuadrones de la muerte' formados por policías encapuchados que mataron indiscriminadamente o aprovecharon la situación hasta para resolver a balazos pendencias personales.
Según Buarque, es 'muy grave desde el punto de vista del estado de derecho', porque se trata de que 'la barbarie cometida por los bandidos fue enfrentada con una barbarie mayor por los cuerpos de seguridad'.
El senador también consideró 'vergonzoso' que aún no se haya identificado plena y públicamente a los muertos, pues 'todos tienen dolientes', y dijo pensar que, como pasó después de la dictadura, tal vez sea necesario crear 'comisiones para saber sus nombres y dónde fueron enterrados'.
Sobre el asunto también se pronunció el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, Luiz Eduardo Greenhalgh, quien fue aún más rotundo.
Según dijo a Efe, está convencido de que la Policía de Sao Paulo 'no sólo exageró, sino que ejecutó una política premeditada de asesinato colectivo y enterró a las víctimas como indigentes, tal como ocurría en la dictadura'.
Las sospechas son compartidas hasta por el Defensor del Pueblo en la Policía de Sao Paulo, Antonio Funari, quien ha declarado que al menos 28 de los muertos 'no tenían antecedentes policiales' y fueron abatidos 'por hombres encapuchados, vestidos de negro'.
Varios de ellos murieron con certeros balazos en la cabeza.
Según el gobernador de Sao Paulo, Claudio Lembo, que se inició en en el desaparecido partido Arena, fachada política del régimen militar en los años 70 y 80, 'no hay por qué divulgar la lista de muertos' y las autoridades dieron la respuesta adecuada.
Admitió, no obstante, que 'puede haber habido aquí o allí un inocente muerto, pero no hubo una matanza', afirmó.
Organismos de derechos humanos creen otra cosa y han creado una comisión independiente para investigar los hechos, una tarea que no será nada fácil pues dependen de datos oficiales guardados bajo siete llaves y de testimonios de familiares atemorizados, que dicen haber recibido amenazas de muerte.