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turquia-ataque (análisis) 19-04-2007


Turquía horrorizada por el degollamiento en la editorial cristiana


Turquía se levantó hoy horrorizada por el degollamiento ayer de tres hombres, dos turcos y un traductor alemán, que trabajaban en Malatya, en el este del país, para la editorial 'Zirve' que publica biblias y otros textos cristianos.


La policía ha detenido hasta ahora a diez jóvenes, de entre 19 y 20 años, todos ellos presuntos miembros de la Fundación Islamista 'Ihlas' de Malatya, ciudad de donde es oriundo Mehmet Ali Agca, quien disparó en 1981 al Papa Juan Pablo II en Roma.

En los primeros interrogatorios, los detenidos han declarado que están 'listos para matar' y que lo hicieron 'por nuestra religión, que está en peligro', señala la prensa local.

Uno de los detenidos dijo que el crimen de ayer 'debería ser una lección para los enemigos de nuestra religión'.

El horror se vio reflejado en los titulares de los principales diarios turcos hoy, con palabras como 'Horror de los fanáticos', 'La mayor de las traiciones', 'Salvaje provocación en Malatya' o 'La Masacre de los misioneros'.

El ministro turco de Exteriores, Abdulá Gul, condenó hoy ante la prensa en Ankara 'con vehemencia' el ataque y reconoció que su gobierno está 'preocupado' por la imagen del país en el mundo.

El ataque estaba dirigido 'contra la paz interna, la tradición de tolerancia y estabilidad en Turquía', precisó.

En el lugar del crimen, los asesinos dejaron una nota dirigida a sus seguidores con un simple mensaje: 'estaréis orgullosos de nosotros'.

Ahmet Guvener, párroco de la Iglesia Protestante de Diyarbakir, cercana a Malatya, que en el pasado ha sido amenazado varias veces, afirmó que lo único que quieren los cristianos en Turquía es rezar de forma libre sin ser acusados de actividades de proselitismo.

'Si hacemos proselitismo, deberían demostrarlo. El ataque de Malatya se debe a las informaciones de las televisiones y de los periódicos, que han provocado a la población local', subrayó en declaraciones al diario Hurriyet.

'Nos muestran como un posible objetivo. Nosotros rezamos con miedo. A partir de ahora estamos todos en peligro. Fue Malatya hoy y será Diyarbakir mañana', advirtió el religioso protestante.

El asesinato de los tres hombres, que antes de ser degollados fueron atados de pies y manos en sillas, recordó a muchos a dos reciente asesinatos relacionados con el cristianismo.

El cura italiano Santoro fue abatido en Trabzon, oeste del país, el año pasado, mientras que el periodista de origen armenio Hrant Dink murió tiroteado en enero pasado en Estambul.

Todos fueron víctimas de jovencísimos asesinos, que presuntamente actuaron instigados por organizaciones ultranacionalista e islamistas.

En Turquía, un país de unos 70 millones de habitantes que negocia su adhesión a la Unión Europea (UE), viven apenas 110.000 cristianos de distintas iglesias, ortodoxa, armenia, católica y protestante.

A pesar de que el 99 por ciento de los turcos son musulmanes, muchos se sienten amenazados por los cristianos.

Así se explica que en círculos populares no cesen los rumores de que algunos misioneros tratan de convertir a musulmanes pobres al cristianismo mediante generosos regalos económicos.

La actividad misionera cristiana no está prohibida en Turquía pero muchos nacionalistas y también numerosos musulmanes moderados la consideran como un ataque subversivo contra la unidad nacional del país.

Por otra pare, la forma despiadada de los asesinatos de Malatya hace pensar a muchos en Turquía en un posible resurgimiento del grupo islamista turco 'Hezbola'.

Degollar a sus víctimas atadas de pies y manos era una de las insignias de esa organización clandestina, que no debe confundirse con Hizbola del Líbano.

En una reciente reunión del Consejo de Seguridad Nacional se debatió acerca de un posible resurgimiento de la organización, asegura la prensa local hoy.

En la primera mitad de la década de los años 90 Hezbolá mató a unos 500 militantes del ilegal Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) en numerosos enfrentamientos en el sureste del país, antes de aceptar un fin de la hostilidades en 1995.



Terra Actualidad - EFE

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