|
El prelado donostiarra aseguró que la ciudadanía 'tiene ante sí un trayecto dificultoso y delicado que puede conducirle a la paz', por lo que necesita mantener 'una esperanza activa y paciente que, ante episodios desconcertantes, no se desmorone fácilmente pasando de la ilusión a la decepción'. Por este motivo, opinó que los 'principales responsables de la paz' tendrán que ofrecer 'signos positivos de grandeza de alma para anteponer el bien de la paz a los intereses partidarios, de atención a todos los sufrimientos, de flexibilidad en sus posiciones y de revivir el pasado, pero sin quedar atrapados en él'. 'Será saludable que los medios de comunicación, lejos de agudizar las confrontaciones, las traten con ecuanimidad y transmitan mensajes que ayuden a sostener la esperanza' que pervive en 'una gran mayoría de nuestro pueblo' y que debe superar 'provocaciones e intolerancias' que producen 'desmoralización y perplejidad', agregó Uriarte, al tiempo que abogó por 'evitar que la multiplicación de estos fenómenos genere escepticismo'. A su juicio, la Iglesia tampoco puede, ni quiere, situarse al 'margen' de este proceso, ya que le 'corresponde prepararse sobre todo para contribuir a una tarea profundamente espiritual que es el alma de una pacificación verdadera y duradera'. El obispo donostiarra se refirió también a otros 'acontecimientos que han afligido o preocupado' a la sociedad este verano, entre los que citó la 'despiadada confrontación en el Líbano' marcada por 'la crueldad, el fanatismo y la debilidad endémica y crónica de los organismos internacionales que, en su opinión, 'no es precisamente un aliento' para la esperanza. Lamentó igualmente la 'epidemia perversa de centenares de incendios provocados en Galicia' que 'parece demostrar que, como dice el Concilio Vaticano II, el ser humano es capaz de lo mejor, pero también de lo peor'. También 'encoge el corazón' la tragedia de tantos jóvenes subsaharianos que, en la búsqueda del 'paraíso europeo', encuentran su tumba en el mar, añadió Uriarte. El obispo aseguró, no obstante, que, 'a pesar de todas estas duras pruebas en el ancho mundo lejano y próximo', los cristianos mantienen su esperanza porque encuentran, junto a tantos 'agujeros negros', innumerables 'oasis de amor, solidaridad y justicia'. 'Un pueblo sin esperanza es un pueblo derrotado y una Iglesia sin esperanza es una Iglesia que vive de la nostalgia y no insufla en el cuerpo social el ánimo que éste tiene derecho a esperar de ella', concluyó.
|