Los colegios de Vitoria han requisado ya 200 móviles este curso por usarlos en clase
El teléfono móvil se ha convertido ya en un accesorio tan habitual entre los escolares como la mochila o el estuche de los bolígrafos. Pero con una diferencia: su sonido interrumpe las clases y distrae a los alumnos. Ya hace tiempo que su uso está prohibido en las aulas de los colegios e institutos de Vitoria. El castigo: confiscar temporalmente el aparato. De sondear 55 centros de Primaria, ESO y Bachillerato de la ciudad, se obtienen datos concluyentes. Desde que comenzó el año académico, los profesores han requisado más de 200 celulares, sobre todo a alumnos de entre 12 y 16 años.
Los docentes aseguran que, por regla general, la norma se cumple, pero siempre hay jóvenes que se las ingenian para saltársela. 'Muchos alumnos viven obsesionados por el móvil, y cuando se lo quitas se ponen muy nerviosos por quedarse desconectados', explica Carmen González, jefa de estudios del instituto Mendebaldea. Para José Manuel Añón, director de Jesús Obrero, 'las chicas son más adictas que los chicos'. De hecho, mandar mensajes SMS es su 'principal hobby en los recreos.
La duración de los castigos varía en función del centro. En algunos se confisca el terminal hasta finalizar el día; en otros, como Marianistas, se retiene hasta final de curso si el alumno es 'cazado' tres veces. En Francisco de Vitoria se permite su uso como calculadora en la clase de Matemáticas y en Presentación de María no se puede llamar ni desde el patio. Varios directores admiten haber descubierto a escolares enviándose 'chuletas' a través de mensajes. Pero también coinciden en que la norma ha sido aceptada 'de buen grado' tanto por los jóvenes como por los padres, que no suelen protestar cuando a su hijo le confiscan el móvil.
Algo ya más serio es intercambiar grabaciones de palizas a otros alumnos o sacar imágenes no autorizadas. Los profesores insisten que están 'en alerta' para evitar estas prácticas, que ya han sido denunciadas en institutos de otras ciudades de España. Ninguno de los responsables consultados ha detectado episodios de este tipo en Vitoria, aunque se confiesan 'preocupados' porque es una actividad 'muy difícil de controlar'. En una decena de centros de la ciudad se han impuesto castigos a alumnos por el uso ilícito de la cámara. 'Se hacen fotos unos a otros para picarse -indica una jefa de estudios-, pero somos muy estrictos con eso para que la cosa no vaya a más'.