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El concejal de Medio Ambiente, Juan Antonio Mérida, precisó ayer que de acuerdo con la normativa vigente, si la contaminación acústica no sobrepasa el nivel permitido en seis decibelios, la intervención del técnico y de los agentes de Policía Local se limitará a obligar al responsable del establecimiento a que baje el volumen del equipo de música, a la vez que iniciará el correspondiente expediente sancionador. Éste conlleva una multa mínima de 6.000 euros. Si el ruido supera la citada barrera, el técnico tendrá que valorar el grado de contaminación acústica existente y determinar en ese momento si cierra el local o da por terminada la actividad que provoca el ruido. 'De lo que se trata es de actuar de forma inmediata para eliminar el foco sonoro con lo que entendemos que se potenciará el equilibrio entre el ocio y el derecho al descanso, siempre en favor de este último', señaló Mérida. La acción inspectora del Consistorio de Granada estará sujeta a las demandas vecinales, pero por la experiencia existente sin duda se concentrará en las zonas donde más locales de ocio existen: Pedro Antonio de Alarcón, Elvira, Plaza Nueva, Plaza de Toros y otras. Línea de trabajo El paso cualitativo contra el ruido que emprenderá el Ayuntamiento desde la fecha citada, se enmarca en una línea de trabajo asumida por el Consistorio, que comenzó con la elaboración del Mapa Sonoro de la capital granadina, que continuará con la nueva Ordenanza de Ruido que será presentada en el Pleno de octubre y que se completará con la Ley del Botellón que ha de aprobar el Parlamento de Andalucía y que complementará con la correspondiente ordenanza municipal. 'El esfuerzo que vamos a realizar en este último trimestre del año en la Concejalía de Medio Ambiente va a estar enfocado fundamentalmente en la limpieza viaria acompañada de la gestión de residuos y en la lucha contra la contaminación acústica', señaló Mérida. Pese a que la ciudad se encuentra 'patas arriba' por las numerosas obras que se ejecutan simultáneamente, desde Medio Ambiente no se renuncia a tener la capital limpia y con el menor grado de contaminación por ruido posible. Mérida insinuó ayer que junto a la medida anterior pueden venir otras más. No más vueltas Medio Ambiente no quiere que se repitan las situaciones indeseables que se producen ahora. Como el hecho de que tras el paso de una patrulla por un local ruidoso y advertir a su dueño de que atenúe el nivel sonoro de sus instalaciones, éste rebaja momentáneamente el nivel musical de su negocio para poco después volver a las andadas. Ante tales hechos, y vista la experiencia, los agentes no sólo pasarán una vez por el local infractor. Al cabo de un tiempo prudencial, la misma patrulla de la Policía Local volverá a revisar la situación de nivel sonoro en que se encuentra y si reincide en los hechos denunciados, procederá a aplicar una sanción mayor. Mérida también anunció otra medida aún más efectiva y que deriva de la aplicación del conocido como 'Sistema Jericó', mediante el cual el inspector podrá comprobar si el nivel de ruido es el aceptado y a qué hora abre y cierra el establecimiento. Este sistema consiste, básicamente, en un módem que transmite información a la Delegación de Medio Ambiente sobre los niveles de ruido de cada local. En base a un registro permanente, es sencillo comprobar por parte del Ayuntamiento si en algún momento de la actividad del local en cuestión su música o el ruido interior sobrepasan los niveles permitidos. Y un tercer problema a resolver. Algunas de las llamadas que recibe la Policía Local sobre contaminación acústica no proceden del interior de un establecimiento sino de los clientes del mismo que se congregan en las puertas y molestan a los vecinos. Ante esta situación, desde Medio Ambiente se asegura estar atados de pies y manos hasta que no se promulgue la Ley del Botellón. Así, al menos, lo entiende Mérida, quien señaló que lo único que puede hacer la Policía Local es 'aconsejar a esas personas que se desplacen a otro punto, como se viene haciendo desde hace un tiempo y con resultados esperanzadores'.
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