Se repitió el milagro y la Virgen de la Cabeza volvió a congregar a alrededor de 500.000 personas en la romería más antigua de toda España. Medio millón de corazones que ayer vibraron en una jornada espléndida, plena de emociones y de fervor romero. Cada uno a su manera, pues no hay un única romería sino la que cada cual quiere vivir. La de las misas, los rosarios que se suceden ininterrumpidamente, la de las oraciones susurradas con la mano sobre la medalla, la de la cola con la lágrima asomando a los ojos ante el camarín, la del recuerdo al que ya no está a la hora de depositar la vela en el gigantesco pebetero. Y la de la fiesta y la jarana, la del 'Opá, voy a hacer un corral', la de los lotes de botellas en la plaza, de la las ambulancias que se llevan a los chavales semiincoscientes al hospital.
La romería se ve con mil ojos. Incluso con ojos rasgados. Makoto ha venido de Japón invitado por el iliturgitano Rafael Beltrán. «Es fenomenal, el año pasado estuvimos en Sevilla, pero eso es otro ambiente. Estamos disfrutando mucho de la naturaleza y de la cerveza Cruzcampo. Todo es muy diferente a lo que estamos acostumbrados». A su lado está Yuki, vestida de gitana. Cuentan que incluso se atreve con unas sevillanas. Pero el aire sólo lleva los sones de Paquito el Chocolatero, aclamado por el mocerío.
A Francisco Molina, con 73 años, pisar el Cerro le pone la carne de gallina. Se ha dejado media vida en sus cuestas, en la construcción del monumento, de los misterios que jalonan la calzada 'con el padre Andrés, que ya murió'. Esfuerzos y recuerdos, muchos de ellos muy gratos. 'Yo he subido de soltero, con novia y sin novia, y de tó. Para que voy a contar'. Este año sube con sus hijos y con Samuel, el nieto, que tiene una pierna herida por un accidente. 'La abuela ya ha puesto velas para que se recupere', dice. Es grande la fe en La Morenita.
En los alrededores del Santuario no cesa ni un segundo el trajín de romeros, las cofradías que suben a presentarse a la Virgen (la de Torres y la recuperada de Torrenueva de Ciudad Real, las dos novedades). Estallan en el aire los cohetes, atruenan las bandas de tambores y cornetas -algunas mueven a los jóvenes más que los mejores djs- y suenan sin cesar las retahílas de vivas: a la Virgen de la Cabeza, a la Reina de Sierra Morena, a la cofradía de tal o cual sitio y a todo lo que la emoción lleva a la boca.
La romería es antigua y nueva a un tiempo. Este año se ha bailado a los sones de una nueva copla de Raya Real dedicada a La Morenita. La novedad ha gustado, y pone variedad al requetemachacado himno oficial. Más novedades que han triunfado: la nueva reja instalada en el acceso al santuario, obra de Manuel López. La imagen mariana que la preside era objeto ayer de devoción, con miles de personas que no se resistían a posar la mano sobre su nariz y santiguarse antes de ver a la auténtica Virgen de la Cabeza.
En la calzada, como todos los años, miles de personas suben descalzas o de rodillas. Son muchas las promesas que culminan en el Cerro, a los pies de la Señora. Esas mismas personas estarán horas después con la familia y los amigos, entregadas a fiesta junto a otros 500.000 corazones. Son las dos romerías que congrega la Virgen de la Cabeza.