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Tratan a los primeros jienenses adictos al móvil y a las compras compulsivas


Que el que juega con demasiada frecuencia a las tragaperras o al bingo tiene un problema y necesita ayuda, es algo que buena parte de la sociedad sabe. Aunque no fue fácil que se reconociera como tal, hoy día a nadie se le escapa que la adicción al juego es una enfermedad mental, que requiere de tratamiento específico y que ocasiona problemas, no sólo para el ludópata en cuestión, sino también para todos aquellos que le rodean y que, en la mayoría de los casos, no saben cómo reaccionar.



Pues bien, a los casinos y apuestas de toda la vida se suman ahora nuevas formas de adicción, que son, si cabe, mucho más peligrosas por la inexistencia de concienciación al respecto. El teléfono móvil e Internet son instrumentos sin los que no se concibe la vida moderna y sin los que muchas personas se sienten completamente vacías.

Las asociaciones que tratan a jugadores en rehabilitación, como Alujer y Aplijer (de Jaén y Linares respectivamente) advierten de la aparición en los últimos tiempos de casos de adictos al móvil y a la red, además de compradores compulsivos que invierten cada vez que salen a la calle cantidades ingentes de dinero en cosas que realmente no necesitan.


El presidente de Alujer, Francisco Jiménez, explica que en su asociación están actualmente cuatro personas en tratamiento por esa adicción a comprar sin control y otras dos por la 'fiebre' del móvil. 'En estos casos es mucho más difícil detectar el problema y, por tanto, actuar para intentar frenarlo', señala Jiménez, quien demanda a las administraciones mayor implicación para que esas dependencias sean catalogadas como enfermedad y reciban las mismas ayudas que el resto, ya que, por ejemplo, los juegos de azar sí entran en el Plan Andaluz sobre Drogas y Adicciones.

El chat

Respecto a la adicción a Internet, actualmente las asociaciones jienenses no están tratando ningún caso, pero hace poco, explica Francisco Jiménez, 'tuvimos un chaval cuyo problema era el chat, en casa estaba siempre enganchado al ordenador y si los padres lo castigaban con prohibirle su uso, él se iba a un cibercafé y allí continuaba'. El problema para las familias con hijos que presentan este tipo de conductas es que no saben dónde acudir y, en la mayoría de los casos, desconocen que las asociaciones que tratan a los jugadores de azar también pueden ayudarles a ellos.

Pero no sólo es el chat y el navegar por la red sin rumbo fijo el principal problema que presenta internet. El verdadero peligro llega con el juego virtual, con los casinos en los que se puede ganar (y perder) mucho dinero y con las miles de apuestas que se pueden hacer sin levantarse de la silla.

Y lo peor es que cualquiera puede acceder a ellas, incluidos los menores, de ahí que el control de los padres sea fundamental. 'Vivimos en una sociedad en la que ya no se juega en la calle y los pequeños permanecen encerrados en casa, con la videoconsola o el ordenador, lo que, además de perjudicarles, les convierte en personas introvertidas y aisladas', asegura el presidente de Alujer.

Baja autoestima

Y es que los expertos coinciden en afirmar que detrás de la mayoría de los ludópatas de cualquier tipo existe un problema de personalidad, de baja autoestima. 'Por lo general el adicto al juego tiene unas características psicológicas determinadas y por eso, además de las terapias de autoayuda que se hacen en la asociación, es fundamental el trabajo personalizado del psicólogo con cada uno de ellos para arreglar aquellas áreas de la personalidad que están desestructuradas', dice Jiménez.

Respecto a la edad de los que se 'enganchan' a estas nuevas modalidades de adicción, hay desde menores de 18 años hasta personas adultas con una buena posición social, aunque, en el caso de Jaén ninguno de los seis supera los 35 años. No obstante, es preocupante que el 37 por ciento de los menores andaluces de entre 11 y 14 años reconoce haber jugado 'muchas veces' con apuestas de dinero, mientras que el 0,4 por ciento manifiesta que su principal gasto son las máquinas tragaperras.

Actualmente, entre la asociación linarense y la de capital hay 335 personas en tratamiento por juego patológico y apenas diez en centros privados. Según el último estudio que se hizo en 2002, en la provincia existían 5.400 personas ludópatas y eran casi el doble las que estaban empezando.

Terra Actualidad - Vocento/VMT

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