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La Biblioteca Nacional homenajea a sus salvadores durante la guerra civil


Las bombas incendiarias de la aviación y los misiles se cebaron en dos ocasiones con la Biblioteca Nacional en el corazón del Madrid asediado por los nacionales. Pero ni las llamas ni las explosiones destruyeron sus fondos. Unos tesoros bibliográficos, entre 200.000 y 400.000 libros, que se salvaron gracias a las medidas adoptadas por quienes fueron sus máximos responsables durante la guerra civil y la Segunda República.


A ellos y a su abnegada labor se rinde homenaje en una muestra titulada 'Biblioteca en guerra' que revisa sus logros y su vidas. La inauguraba hoy la ministra de Cultura, Carmen Calvo, y podrá verse hasta el próximo 19 de febrero.

La maltrecha memoria de estos entregados y olvidados bibliotecarios quedaba además salvaguardada en un placa que Carmen Calvo descubrió en el vestíbulo de la institución. En la placa se recuerda a Tomás Navarro Tomás director entre 1936 y 1939 de la Biblioteca Nacional 'y a todos los bibliotecarios que en tan difíciles circunstancias dieron lo mejor de sí mismos por los libros y la cultura'.

Los también bibliotecarios Ramón Salaberría y Blanca Calvo han sido los comisarios encargados de resucitar la labor de sus colegas a base de fotografías, cartas, documentos y diverso material gráfico y bibliográfico cedido por una treintena de instituciones y que documenta la entrega de quienes salvaron los libros. Unos tesoros resguardados de las bombas y las llamas y que en alguno casos fueron evacuados siguiendo la misma ruta que los cuadros del Prado, primero a Valencia y después a Ginebra.

La muestra se centra en la labor crucial de Tomás Navarro Tomás, director de la biblioteca entre 1936 y 1939, celebrado investigador fonográfico y organizador de los traslados del libros a través del frente, rescatador de las valiosas bibliotecas puestas por muchos nobles a recudo de la Nacional que Navarro Tomás mandó cubrir con sacos terreros. Navarro Tomás tomó el camino del exilio y cruzó la frontera francesa con Antonio Machado para saltar después a Estados Unidos, donde murió olvidado a los 95 años y sin haber regresado jamás a España.

'Biblioteca en guerra' se ocupa también de la labor de otros cuatro directores durante la República: Juan Vicens, presidente del a Residencia de Estudiantes, amigo de Lorca y Dalí, alma de las biblotecas de las Misiones Pedagógicas exiliado en México y muerto en Pekín a los 70 años; Teresa Andrés, directora de las Bibliotecas Populares en frentes y trincheras y muerta a causa de un leucemia en el París liberado que la acogió en su exilo, y Jordi Rubió, director honorario de la Biblioteca de Catalunya que organizó un sistema para que los libros llegaran a las trincheras e hizo rodar el primer 'bibliobús' por las carreteras española y que en su exilio interior se ganó la vida como corrector de pruebas en Salvat.

La última es María Moliner, vocacional bibliotecaria antes de refugiarse en la redacción de su mítico diccionario de uso y que diseñó el más ambicioso plan bibliotecario concebido en España bajo el lema 'cualquier ciudadano, viva donde viva, tiene derecho a cualquier libro, esté donde esté'.

Inteligencia, valentía y rigor

'Queremos, desde la justicia, recordar la historia' aseguraba Carmen Calvo ante una decena de familiares de estos bibliotecarios. Unos profesionales que, según la ministra hicieron gala de 'inteligencia, valentía y rigor para preservar nuestros tesoros bibliográficos y defender así la esencia y la base de nuestro idioma'. Destacó la ministra como es la muestra 'más ambiciosa' en la última etapa del BN y demuestra que 'los españoles no enterramos nuestra memoria y demostramos que somos una sociedad agradecida'.

Blanca Calvo recordaba después como la labor de los homenajeados excedió los límites de la Biblioteca Nacional y como durante el periodo republicano se propusieron popularizar el libro llevándolo a los hospitales y centros de trabajo primero y a las mismas trinchera y a las colonias infantiles que fueron refugio de los huérfanos de guerra durante la conflagración'. Calvo ha necesitado un intenso año de trabajo 'costosos y placentero' junto a Ramón Salaberría 'para quitar el polvo y la broza a un libro olvidado que se no ha desvelado plagado de maravillas'.

Terra Actualidad - Vocento/VMT

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