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Violento motín de 200 personas durante el desalojo y derribo de un edificio ilegal en la Cañada Real


Voló todo lo imaginable: palos, piedras, pelotas, sillas e incluso bombonas de butano. El desalojo y posterior derribo de una edificación ilegal en la zona árabe de la Cañada Real Galiana, en el distrito de Vicálvaro, se convirtió ayer en una batalla campal como pocas se recuerdan en los últimos años. El saldo del enfrentamiento entre vecinos del asentamiento y agentes de la Policía Nacional y de la Municipal es estremecedor: dieciséis «antidisturbios», ocho municipales y cuatro residentes de la Cañada Real Galiana heridos. Además, la Policía detuvo a un total de nueve personas por atacar a los agentes del orden.


La cronología de los hechos es la siguiente: el pasado lunes, las tres familias que residían en la construcción de la discordia recibían la notificación oficial del Ayuntamiento avisando de que el día 18, ayer, se iba a proceder al derribo de la casa, la parcela 40A de la Cañada Real Galiana. «Pero no hemos tenido tiempo para arreglarlo con el abogado -explicaba uno de los marroquíes afectados-. Nos dijo que en tres días no podía solucionar nada».

Entonces, los vecinos decidieron emprender su propia medida. Colgaron carteles por todo el asentamiento solicitando a los vecinos que se reunieran todos, en la casa, el mismo día en que llegaría la piqueta, para impedir el desalojo. La hora: las ocho y media de la mañana, la misma a la que estaba prevista la llegada de la excavadora y de los policías.

La estrategia era la siguiente: llenar la casa con mujeres y niños, para amedrentar a la Policía y conseguir, así, que no se procediera a cumplir la orden judicial. Es más, los hombres habían decidido no acudir ayer por la mañana al trabajo y los niños no asistieron a clase, para poder «proteger» la casa.

Y así lo hicieron. Alrededor de 200 personas se amotinaron en la zona, menores y mujeres dentro de la vivienda, y los hombres fuera. Sobre las nueve de la mañana, llegó la Policía Municipal. Cuando se intentó desalojar la casa, de varias alturas, por las buenas, comenzó la batalla campal.

Niños, mujeres, hombres, mayores y jóvenes, la emprendieron a pedradas contra los agentes. No había distinción: los jóvenes se cubrían con capuchas y las mujeres incluso portaban el velo. La Policía no se quedó quieta, como resulta evidente, y el «fuenteovejuna» fue a más.

Los agentes intentaban sacar a las mujeres de las casas, que gritaban y arrojaban lo primero que encontraban para evitar que las sacaran de allí. Incluso algunas bombonas servían como proyectiles contra los cascos de los agentes. De hecho, a un policía municipal le golpearon en la cara y tuvieron que practicarle 20 puntos de sutura en un labio.

Pronto, tuvieron que entrar en acción los cincuenta agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) o «antidisturbios», que se sumaron a los 25 de la Policía Municipal y que también se llevaron lo suyo. Algunas personas se subieron a las azoteas de las casas colindantes a tirar piedras a la Policía. Ésta, a su vez, empezó a lanzar pelotas de goma e incluso intervino algún cuchillo de entre los jóvenes alborotadores.

El Samur-Protección Civil no tardó en presentarse. Incluso tuvo que desplegar un hospital de campaña en las inmediaciones, donde comenzaban a llegar los heridos. Un joven marroquí de 18 años, que fue detenido, tuvo que ser asistido por una contusión, al recibir un pelotazo de goma en el ojo, por el que sangraba. Fue trasladado al Hospital Gregorio Marañón. Era uno de los cuatro vecinos heridos. El que peor parado salió fue un agente, que tiene la mandíbula rota. A 16 funcionarios de la UIP hubo que darles la baja médica. El resto de agentes lesionados presentaban contusiones o heridas por golpes, pedradas, lesiones en la cara o levantamientos de cejas, informaron fuentes de Emergencias Madrid.

El propietario de la casa en cuestión, Abdel Ilah, fue arrestado y llevado a la comisaría de San Blas-Vicálvaro. Su mujer, Fátima, ya por la tarde, pudo acudir al solar con el Samur Social, que les realojará temporalmente. La pareja, que llevaba cuatro años viviendo allí, tiene dos hijos, la más pequeña de sólo dos meses, que estaba dentro de la casa durante el motín. El cabeza de familia se dedica a la construcción.

En medio de todo el tumulto, un grupo de chicas árabes se dirigían nerviosas hacia el hospital de campaña: «Estamos buscando a una vecina porque está embarazada. ¡No hay derecho a que les peguen a las mujeres embarazadas! ¡Nos han sacado a patadas!», se quejaba una de ellas. Finalmente, esa mujer, que está de ocho meses de gestación, acabó en el Gregorio Marañón, con un golpe en la espalda, aunque su embarazo prosigue bien.

Entre los cuatro vecinos heridos hay también un hombre de mediana edad, parece que también habitante de la casa derribada, que recibió una patada en los genitales. También tuvo que ser trasladado al hospital. De los nueve detenidos, uno es el propietario de la casa, y otros tres marroquíes fueron arrestados al intentar arrebatarle su pistola a un municipal.

Cuando finalmente se pudo llevar a cabo el derribo, las doscientas personas que allí se encontraban no hacían más que quejarse de la situación vivida. «Sabemos que esto es ilegal, pero estamos ocupando unos terrenos que no son de nadie», se quejaban algunos españoles.

«Yo llevo 20 años pagando contribución. Aquí somos gente trabajadora, para salir adelante, no nos dedicamos a vender droga. No hay derecho a que tenga la casa llena de proyectiles que ha lanzado la Policía Nacional. A un chico le han dado en el ojo en la puerta de mi casa y hasta hay manchas en el suelo», exclamaba Soledad, otra de las españolas que vive en la Cañada Real.

Terra Actualidad - VMT

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