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Había representantes de varias de las empresas cuyos nombres saltarían a los medios de todo el país con el estallido de la segunda parte de la 'operación Malaya': Arenal 2000, Aifos, Ávila Rojas, Construcciones Salamanca, Peñarroya... En total, unos veinte comensales. El anfitrión se sabía vigilado. Por eso advirtió a los asistentes: 'Sonrían, que nos están grabando'. El objetivo era aparentemente filantrópico. Roca explicó a sus invitados la labor que hace el centro de Hacienda de Toros en la lucha contra la adicción a las drogas y, tras referirse a la pésima situación económica del Ayuntamiento, que tan bien conocía, pidió a los presentes una contribución económica para continuar con la actividad: 12.000 euros por cabeza, según relata uno de los empresarios presentes aquella tarde. La petición no sorprendió a los comensales. No era la primera vez que muchos de ellos recibían peticiones de dinero con el argumento de que era necesario mantener la apariencia de funcionamiento normal de un Ayuntamiento cuyas arcas ya habían sido esquilmadas. Para que el negocio siguiera era necesario mantener engrasada una maquinaria que saltaría por los aires en la mañana del 29 de marzo con las primeras detenciones de la 'operación Malaya'. Pero, por aquel entonces, todavía se hacían planes de futuro. Poco antes del recordado almuerzo, que tras los sucesos posteriores sería paradójicamente recordado como 'La última cena', se había producido otra reunión más reducida, aunque con algunos actores repetidos, en el despacho de Roca en la gerencia de Urbanismo. En esa ocasión, quizás sabiéndose a salvo de inoportunos micrófonos, Roca se había explayado sobre las dificultades que estaba atravesando Marisol Yagüe con sus continuos escándalos al frente del Ayuntamiento. Por eso, tras apuntar en un papel de su puño y letra los nombres de varios empresarios de la ciudad, sentenció: 'De esta lista tiene que salir el próximo alcalde de Marbella'. Era necesario seguir manteniendo la situación de un Ayuntamiento que, aunque en ruinas, seguía siendo un buen negocio que permitía a sus responsables pegarse la gran vida. Aunque elegido para las reuniones, El Rodeíto no era el restaurante preferido por Roca. Habitualmente, tras sus jornadas en las oficinas municipales de Urbanismo, comía en El Portalón, uno de los establecimientos más exclusivos de Marbella donde difícilmente el cubierto baja de los 150 euros. Cuando se trataba de disfrutar de la playa, optaba por el chiringuito El Mangaleta, de su amigo Manuel Baena. No pocos en Marbella atribuyen el nombre del local a una broma de mal gusto. En ese restaurante, a pie de playa en la zona de Los Monteros, Roca disfrutaba de una de sus aficiones más conocidas: las fiestas flamencas. Estos establecimientos, junto a los restaurantes La Meridiana y Cipriano, eran algunos de los pocos lugares donde los marbellíes podían ver gastar dinero a Roca. Cuando en abril de 2002 fue detenido y enviado a prisión por su imputación en el caso 'Saqueo', el gerente de Urbanismo de Marbella cambió radicalmente sus hábitos. El derroche pasó a ser un hábito privado, y la compra de relojes y plumas, algunas de sus aficiones más caras, una actividad que desarrollaba en la más estricta intimidad y a través de comerciantes que lo visitaban en su vivienda y que en el argot de los joyeros se los conoce como 'machacas'. Así fue como adquirió su Patek Phillipe modelo Calatrava con 'tourbillon', valorado en unos 90.000 euros, o los Cartier, Lang&Son y Breguet que solía exhibir en la muñeca. Curiosamente, rehuía de la marca Rolex, preferida por muchos de quienes se mueren por presumir cuando se trata de mirar la hora. También a través de marchantes, principalmente Mané Mayoral y Alberto Perdonzo, fue como adquirió poco a poco la impresionante pinacoteca que sorprendió a los investigadores policiales. Hasta a la hora de comprar vino y champán practicó el secreto. La factura de 855.140 euros que llegó al Ayuntamiento la semana pasada desveló a cuenta de quién se pegaba la buena vida. La fecha de la compra coincide con la de la fiesta de su 53 cumpleaños, celebrada en su finca 'La Caridad'. Más exhibicionista en el gasto era Julián Muñoz quien, durante varias ferias y antes de ocupar la Alcaldía, montaba casetas privadas para invitar y presumir. Eran célebres sus fiestas en el restaurante El Burlaero, cuyo propietario tendría posteriormente una mala experiencia con otros representantes municipales, y también sus almuerzos en La Pesquera del casco antiguo, a pocos metros del Ayuntamiento. A la hora de comprar ropa, el ex alcalde ahora encarcelado se decantaba por la exclusiva tienda Don Miguel, en la avenida de Ricardo Soriano. No fue éste el único negocio del centro de Marbella que Julián Muñoz comenzó a frecuentar cuando se hizo con el bastón de mando. Era ya alcalde cuando tomó el hábito de elegir relojes en la tradicional joyería Gómez y Molina. La afición le salió gratis, pero no así a los joyeros, que esperan todavía que el ex alcalde pague una cuenta pendiente de 40.000 euros. No fue Muñoz el único edil implicado en la 'operación Malaya' que dejó sus pufos en Marbella. En el restaurante El Burlaero preparan una denuncia contra Isabel García Marcos, que dejó a deber 17.000 euros por comidas. Pero eso fue al final. Durante meses, la ex concejala y sus colaboradores almorzaban en ese establecimiento todas las semanas de lunes a jueves, aunque a veces lo cambiaban por el restaurante La Judería, en el pasaje de la Avenida del Mar. La marisquería Santiago, uno de los restaurantes con más merecido prestigio de Marbella, es otro de los lugares que frecuentaban García Marcos, Muñoz y otros de los encarcelados por la 'operación Malaya'. Fue ahí donde se celebró una de las reuniones entre algunos de los ediles y empresarios detenidos en la operación y que fue grabada por policías de la Udyco, que almorzaban en una mesa cercana y pasaban por despreocupados turistas. Marisol Yagüe, también de buen comer, despuntaba su afición a los zapatos en la céntrica Dover, y no era inusual verla en las tiendas de ropa del centro comercial La Cañada. Pero donde realmente se dejó buen dinero fue en el hospital USP Marbella, en cuyos quirófanos remodelaron su cuerpo en al menos dos ocasiones. Carlos Fernández, el único de los firmantes de la moción de censura de 2003 que todavía no ha sido localizado por la policía, descubrió su afición a la ropa de marca en la tienda Loewe de Ricardo Soriano. Su último cumpleaños tuvo como escenario uno de los más exclusivos clubes de playa de Marbella: el Ocean Club de Puerto Banús, donde no se descorcha una botella de champán por menos de 90 euros.
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