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Mil bañistas piden que se ponga freno a la contaminación del litoral del Mar Menor


'¿No más vertidos, queremos agua limpia!', coreaban ayer Sara y Diego entre una marea de vecinos en bañador y chanclas y con pancartas a lo alto. Pasaban las doce y media de la mañana y un millar de personas (700 según la Guardia Civil, 1.500 según los manifestantes), cruzaba a pie la carretera F-34, en Punta Brava, en una manifestación contra la contaminación del Mar Menor.



Había más de treinta grados, era domingo y agosto, pero allí avanzaba la columna humana para protestar por la acumulación de suciedad en la laguna salada y sus efectos para la salud y el medio ambiente. Punta Brava se había echado a la calle, y con ella bañistas de otras playas cercanas.

'Barreiro-Escudero, Mar Menor estercolero', habían escrito en la pancarta que abría la marcha. Lo que la política no unía, tampoco lo separaba la calle. Pilar Barreiro, alcaldesa de Cartagena, del Partido Popular; y Juan Escudero, alcalde Los Alcázares, del PSOE, están enfrentados tras decretar el Gobierno regional (PP) que la depuradora de Los Alcázares vierte sus aguas a la laguna salada. Pero ayer estaban, por voluntad de los manifestantes, situados bajo el mimo foco.

Gargantas y bicicletas

'Estamos hartos de que los políticos se pasen la pelota, mientras esto se llena de fango y algas', advertía Gloria Martínez. Si Gloria dice haber visto en el mar 'conchas de berberechos vacías', Sara asegura 'que algunos días el agua está rosa y espesa como una plasta'.

No había megáfonos, pero sí gargantas y bicicletas desde las que transportar el sonido de lado a lado en una festiva manifestación que terminó partida en dos, y con un grupo de unos cien vecinos probando la paciencia de una decena de guardias civiles.

Padres, niños, abuelos y jóvenes (muchos, en una mañana domingo sofocante) improvisaron una sentada y cortaron el paso a los vehículos con un voceo tan explícito como escatológico: '¿No más mierda, no más mierda!'.

Para los afectados, tampoco podría ser un mensaje más real. 'Llevamos años soportando cómo vierten las aguas fecales de Los Alcázares y Los Narejos detrás del camping', se quejaba José Martínez, indignado por las consecuencias de 'la presión urbanística' en el monte Carmolí.

Los vecinos relacionan picores, reacciones alérgicas y otras molestias con el baño en esta playa del área de Los Urrutias. '¿Es que los murcianos no podemos unirnos para regenerar y preservar nuestro mar?', se preguntaba María José Sánchez.

Terra Actualidad - Vocento/VMT

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