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Desde que el Valencia CF anunció que iba a construir un nuevo estadio en la avenida de las Cortes Valencianas, el PSPV advirtió de que seguiría muy de cerca la operación urbanística porque, dicen, su máxima es defender los intereses de todos los ciudadanos. 'No estamos en contra del Valencia y nunca lo estaremos, pero no vamos a permitir que se favorezca a una empresa privada en detrimento del patrimonio de los ciudadanos', ha insistido en reiteradas ocasiones el portavoz socialista, Rafael Rubio. Su aviso se hizo realidad el viernes, cuando en el pleno municipal en el que se iba a votar la recalificación del Mestalla y el proyecto del nuevo estadio, los socialistas votaron en contra en el primer punto y se abstuvieron en el segundo. Veinticuatro horas antes de que se produjera esta votación, los directivos del club comieron con el secretario general del PSPV, Joan Ignasi Pla, y con Rafael Rubio para intentar convencerles de que apoyaran el proyecto. Comida por voto El PSPV, sin embargo, no cedió y lo único que hizo fue suavizar su votación. En una parte del proyecto se abstuvo y en la otra votó en contra. El resultado, sin embargo, no afectará al proyecto que fue aprobado, al tener mayoría el PP en el Ayuntamiento, y por tanto seguirá como tenía pensado el Valencia CF desde un principio. Los socialistas no se imaginaban las consecuencias que iba a tener su posición. Horas después, las iras del Valencia se levantaban en forma de un comunicado donde sugería a su afición que castigara a los socialistas por poner trabas a la operación más importante que realizará el club en los próximos años. 'Queremos enviar un mensaje claro a nuestra afición para que sepan quién está en el lado de nuestra entidad', indicaba el comunicado. El mensaje llegó al público esperado porque ayer las peñas y la asociación del pequeño accionista del Valencia calificaban rotundamente la actitud de los socialistas. 'El que va en contra del Valencia CF no es valenciano', sentenciaron. Los socialistas aseguraron que no apoyaban la obra del club porque consideraba que rozaba la legalidad, ya que se había optado por una operación urbanística que iba a perjudicar a todos los valencianos. Estas justificaciones, sin embargo, no fueron suficientes y ayer en Santander el malestar se hacía patente entre los consejeros que se desplazaron con el equipo. El presidente del club, Juan Soler, comentó que lamentaba la actitud de los socialistas, y aseguró que no permitirá que califiquen el proyecto más importante del Valencia como de pelotazo. El ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, quiso echar un capote a los socialistas valencianos y aseguró ayer en el homenaje de Aspar y Álvaro Bautista en Cheste que el PSPV no va contra el club, sino del Ayuntamiento. La Federación de vecinos y siete barrios más adyacentes al nuevo estadio también dieron su apoyo a los socialistas, porque piensan que con el proyecto han perdido terreno público. Los populares, sin embargo, piensan que esta posición es una estrategia política para que la candidata socialista a la alcaldía, Carmen Alborch, cambie de postura y 'quede de cara a todos como la buena', afirmó el primer teniente de alcalde, Alfonso Grau.
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