El misterio que rodea el atentado que sufrió el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 extiende su velo a la personalidad del autor, el terrorista turco Mehemet Ali Agca.
Tres investigaciones, dos juicios, un solo condenado (Agca) y muchos puntos sin aclarar, como la supuesta implicación de los servicios secretos búlgaros y soviéticos, componen un caso que 24 años después sigue originando sorpresas y versiones.
Agca no es ajeno a la confusión. Es más, ha contribuido permanentemente a ella.
Su última aportación aparece en una entrevista que publicó el jueves el diario italiano 'La Repubblica', en la que admite que mintió en varias ocasiones con sus 'distintas versiones, contradictorias desde el punto de vista jurídico y político'.
Entre las 'mentiras', se puede citar su confirmación inicial en el verano de 1982 de la tesis de la periodista Claire Sterling, publicada en la revista estadounidense 'Reader's Digest' acerca de que había actuado instigado por los servicios secretos búlgaros y soviéticos.
Ya condenado a cadena perpetua en esa época, Agca también relacionó con el atentado a la organización terrorista ultraderechista turca de los 'Lobos Grises', a la que había pertenecido.
Más adelante renegó de sus palabras y llegó a decir que la 'pista búlgara' había sido un invento suyo.
Durante una visita oficial a Sofía, el propio Juan Pablo II comunicó el 24 de mayo de 2002 al presidente de Bulgaria, Gueorgui Parvanov, que nunca había creído en dicha 'pista'.
Como la versión de la 'pista búlgara' jamás encontró confirmación, Agca volvió a situarse como único implicado, si bien no dejó de atribuir a razones místicas la 'orden' que recibió para atentar contra Juan Pablo II.
Agca no tuvo reparos en afirmar que el atentado fue 'decidido' por 'Dios santísimo' y en ligarlo al tercer secreto de Fátima.
'Muchos años después he comprendido que he sido un fantasma en manos de algún terrible proyecto misterioso, todo lo cual 'está escrito en el tercer secreto de Fátima', escribió en una carta enviada en mayo de 1996 al ex secretario de Estado cardenal Agostino Casaroli.
En la entrevista con 'La Repubblica' abunda en la acción aislada. no sin deslizar una nueva insinuación 'misteriosa': 'sin ayuda de sacerdotes y cardenales no hubiera podido realizar aquel gesto'.
'El 13 de mayo de 1981 nadie en el mundo sabía de mi atentado', dice Agca desde la cárcel turca de Kartel Maltepe (Estambul), donde cumple una condena de 10 años después de ser extraditado por Italia en junio de 2000, una vez indultado.
El Vaticano siempre ha insistido en que el atentado no se produjo por casualidad y nunca ha querido considerarlo un caso archivado.
El diario vaticano 'L'Osservatore Romano' recordaba el 12 de mayo de 2003, en la víspera del vigésimo segundo aniversario del atentado, que para muchos Juan Pablo II era un Pontífice 'molesto' y de ahí el deseo de eliminarle.
Un 'cerebro siniestro y una mano cainita', añadía, atentaron el 13 de mayo de 1981 contra el Papa.
Tres años antes, Agca había trasladado a su abogada, Marina Magistrelli, la certeza de que había sido 'un instrumento inconsciente de un plan misterioso'.
Lo hizo después de que el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, anunciara la pronta revelación del tercer secreto de Fátima, texto que el Vaticano difundió el 26 de junio de 2000.
En uno de los párrafos del texto redactado por la vidente Lucía dos Santos se habla de un 'obispo vestido de blanco' que muere a manos de 'un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de armas de fuego y flechas'.
Los 'misterios de Fátima' intrigaban mucho a Ali Agca.
De hecho en la famosa visita que Juan Pablo II le hace el 27 de diciembre de 1983 en la prisión romana de Rebibbia, Ali Agca le pregunta qué cosa es el tercer secreto de Fátima.
'El Papa no revela nada, Le pregunto: '¿cuando será revelado? Será revelado, responde el Papa, después de la muerte de sor Lucía porque ella así lo ha pedido', cuenta el propio terrorista a la periodista Anna Maria Turi, autora del libro 'Mehmet Ali Agca. Mi verdad', publicado en 1996.
De aquel encuentro, y hasta el libro de Turi, sólo se había sabido lo que el Papa dijo a la salida de la prisión: 'He hablado con un hermano que he perdonado y que goza de mi confianza; lo que nos hemos dicho es un secreto entre nosotros'.
Más adelante trascendió que el Papa le dijo a Agca que no había tenido en cuenta a la Virgen de Fátima cuando cometió el atentado.
Ese día el Papa llevaba colgada al cuello la medalla de la Virgen de Fátima. Karol Wojtyla siempre ha dicho que una mano disparó -la del turco- y otra -la de la Virgen- desvió la bala y le salvó la vida.
La 'mano que disparó' pertenecía a un joven de 22 años que había huido en noviembre de 1979 de la justicia turca tras una sentencia a muerte por el asesinato de un periodista.
En su fuga, Ali Agca pasó primero por Bulgaria y luego viajó a Alemania, Italia, Suiza, España y Túnez, antes de presentarse en la plaza de San Pedro, armado de una pistola 'Browwning' de nueve milímetros, el 13 de mayo de 1981.
Había pasado dos semanas de vacaciones en la ciudad española de Palma reflexionando sobre si se suicidaba o atentaba contra Juan Pablo II.
Agca viajó a Palma entre el 24 y el 25 de abril de 1981 y regresó a Roma el 9 de mayo. Dos eran las obsesiones que le asediaban: el atentado contra el Papa, que le había sido 'ordenado' por 'misteriosos personajes' según un 'plan sobrenatural', o el suicidio. Como alternativa, 'desaparecer' en las filas de algún movimiento de liberación de países del Tercer Mundo.
'Pensar, meditar, mil veces en dos semanas, sea de día, en medio de la naturaleza, al lado del mar, sea en el silencio de la noche, para decidir finalmente qué hacer con el proyecto de atentado', escribe Agca en 'Mi verdad'.
Palma de Mallorca le restituye 'un poco de serenidad'. Agca meditaba todas las noches en un lugar solitario, asomado al mar. Una de las noches, se levanta y mira el mar: 'un segundo me separa de la solución del dilema del ser o no ser'.
Finalmente decide no suicidarse: 'No, Mehmet Ali Agca, no debes suicidarte. Debes cometer el atentado. Si ahora te arrojas al mar, mañana encontrarán tu cadáver y después de tres días nadie te recordará más. De hecho ¿quién es este 'Faruk', titular de tu pasaporte falso? Por el contrario tu, Mehmet Ali Agca, perpetrarás el atentado, entrarás en la historia'.
El 9 de mayo, Agca termina las vacaciones. Al pasar el control de metales en el aeropuerto, suena la alarma. Momentos de 'fuerte ansia'. Le registran, pero todo se aclara: era un cortauñas. 'Tiro aquel cortauñas en el primer cubo de basura que encuentro'.
De nuevo en Roma, Agca está decidido a atentar contra el Papa y abriga, además, el deseo de ser 'linchado por los cristianos en el corazón del Cristianismo, delante del mundo, para arrojar sobre el Cristianismo una vergüenza eterna'.
Agca anula un primer intento de atentado porque el Papa le da la espalda cuando pasa a su altura en el automóvil descubierto. 'De forma imprevista, renuncio, sí, renuncio al atentado'. Cuando Agca se aleja de la multitud, oye que la gente vuelve a gritar 'Papa, Papa, Papa'. Es el pontífice que retorna en su segunda vuelta a la plaza. Juan Pablo II coge una niña en brazos. Agca espera a que la suelte y dispara.
'No pienso en huir. Deben lincharme. No, debo suicidarme. Rápidamente apunto la pistola a mi corazón, aprieto el gatillo pero no funciona. Tiro la pistola. Alguien me sujeta....Grito a un policía 'Kill me! Kill me! (Mátame, mátame). No me dispara... La Providencia ha ahorrado la vida tanto al Papa como a mí...Satanás ha fracasado en el Vaticano, fracasado misteriosamente'.
En el bolsillo de Agca tras su detención, se encontró una nota escrita en turco que decía: 'Yo, Agca, he matado al Papa para que el mundo pueda saber que hay miles de víctimas del imperialismo'.
A sus 47 años y en una prisión turca, Ali Agca, nacido en el seno de una familia humilde y que de niño se ganaba la vida vendiendo agua y recogiendo restos de carbón en las estaciones de trenes, prepara un libro en el que promete contar 'todo lo sucedido'.