El tren de las montañas enfurece a los seguidores del Dalai Lama
Para el Gobierno chino, el primer tren al Tíbet es un símbolo del progreso llevado por el comunismo a esa región, pero para los independentistas tibetanos, seguidores del exiliado Dalai Lama, es un intento de aumentar el colonialismo chino sobre los pueblos del Himalaya.
Los graves incidentes ocurridos el pasado lunes en Nueva Delhi, la capital india, donde activistas tibetanos quemaron banderas chinas en protesta por el nuevo tren, reflejan que, una vez más, chinos y tibetanos siguen en desacuerdo sobre la dirección hacia la que debe ir el futuro del 'Techo del Mundo'.
China lo tiene claro: un Tíbet rodeado de montañas, aislado geográficamente, sigue siendo la región más pobre del país, y necesita un ferrocarril con el que transportar mejor la energía, las mercancías que se comercian, y por supuesto, los turistas.
'El tren va a cambiar radicalmente la atrasada situación del sistema de transportes del Tíbet. Será una vía económica y eficaz para transportar la energía y los materiales que necesita para mejorar la vida de su pueblo', señaló esta semana el Ministerio de Exteriores chino, tras conocerse las protestas de los tibetanos exiliados.
En cambio, la visión de los grupos tibetanos exiliados, cercanos al Dalai Lama (refugiado desde 1959 en Dharamsala, norte de la India), es que el tren ha sido construido 'por los chinos, para los chinos', y con el fin de aumentar la colonización sobre el Tíbet.
Se espera un fin de semana caliente, pues coincidiendo con la partida del primer tren desde Pekín con destino a Lhasa, en la noche del sábado, se preparan huelgas de hambre entre grupos tibetanos en el exilio.
Según declaró a Efe en Nueva Delhi Kalfang Phuntfok, presidente del Congreso de la Juventud del Tíbet (una de las organizadoras de las recientes protestas), el tren es un paso más en la 'solución final para acabar con nuestra cultura y hacer del Tíbet una provincia china'.
Las protestas son una muestra de apoyo al Dalai Lama, quien cuando se anunció el proyecto, en el año 2000, lo criticó y pidió a la comunidad empresarial extranjera y al Banco Mundial que no prestaran ninguna ayuda económica al proyecto (aunque parece ser que China tampoco la pidió ni parece haberla necesitado).
Ante estas protestas, el Gobierno chino suele actuar con desdén: '¿Qué pretenden? Algunos tibetanos en el extranjero aprovechan este momento para causar desórdenes, sin hacer caso a nuestros buenos deseos', se quejaba la Cancillería china esta semana.
El régimen comunista chino mantiene, desde su fundación en 1949, que el Tíbet es su 'hijo protegido' y le pertenece desde que en 1271, el mongol Kublai Khan (entonces emperador de China) lo conquistara.
Uniones dinásticas posteriores entre emperadores chinos y reinas tibetanas, que los tibetanos no aceptan, habrían confirmado ese dominio.
Añade Pekín que, gracias al comunismo que llegó a China en 1949, la región tibetana salió de su etapa 'feudal', gobernada por las sucesivas reencarnaciones del Dalai Lama, líder religioso y político.
En efecto, China ha llevado al Tíbet ordenadores, móviles y ahora el primer tren, pero no ha sido gratis: la región fue de las que más sufrió la Revolución Cultural (1966-76), con destrucciones de templos y monjes obligados a colgar sus hábitos para trabajar en las granjas colectivas.
La reforma y apertura de la década de 1980 trajo moderación a ese dominio y esfuerzos por mantener la lengua, la cultura y la religión tibetanas, pero también miles de chinos de la etnia Han (mayoritaria) que acudieron al 'Techo del Mundo' para hacer negocios.
En Lhasa la presencia de los Han es notable: los tibetanos son ya menos de la mitad de la población.
'Ya no es la capital de la cultura tibetana, sino que se ha convertido en una ciudad china más', se quejan grupos autonomistas e independentistas.
En definitiva, los tibetanos que están en contra del tren lo ven como una parte más de lo que describen como 'genocidio cultural'.
Pero China, para contrarrestar las críticas al ferrocarril, ataca con cifras sobre que despiertan admiración: será el más alto del mundo, circulará durante 550 kilómetros por placas de puro hielo, costará diez veces menos que el avión...
China promete que el tren llevará a la región a esos empresarios que necesita para crecer, el carbón y el petróleo que alimenten futuras fábricas.
Lo que teme el exilio es que sea más lo que salga en ese tren que lo que entre, pues saben que Pekín codicia materias primas (hierro, cobre, plomo y zinc) que esconde el Himalaya y son muy difíciles de sacar de allí actualmente, debido al mal estado de las carreteras.