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El doctor, que en la actualidad es neurocirujano en el hospital Johns Hopkins de Baltimore (Maryland), nació en una familia humilde en el estado de Baja California de México, cerca de la ciudad de Mexicali, y a los cinco años empezó a trabajar para ayudar a sus padres en una estación de gasolina. 'Pasamos hambre, no fue una vida fácil', recordó el mayor de cinco hermanos, cuya hermana pequeña falleció de diarrea cuando tenía tres meses. A pesar de todo, Quiñones-Hinojosa asegura que conserva unos recuerdos felices de su infancia porque creció en una familia unida, pero desde que se desató la crisis económica en México en los setenta la situación se complicó, su padre perdió la estación de gasolina y se refugió en el alcohol. 'No quería que mis hijos en un futuro pasaran por lo mismo que yo', declaró el doctor, cuyo sueño era terminar cuanto antes sus estudios de profesor de educación primaria para ir a Estados Unidos, hacer dinero y regresar a su país 'triunfalmente'. A los 18 años se decidió a viajar solo, sin pasaporte, sin dinero y sin saber inglés para trabajar con parte de su familia que residía en el Valle de San Joaquín, en California, donde limpiaba las hierbas de los campos de algodón por 3,75 centavos la hora. 'La vida es difícil pero si no encuentras la forma de hacerla placentera es más difícil todavía', aseveró el mexicano, que mostró su satisfacción porque esas mismas manos que trabajaban en el campo se dedican actualmente a operar casos complejos de neurocirugía. Para Quiñones-Hinojosa, que se declaró un perfeccionista en todo lo que hace, 'cada trabajo es un reto', por eso se esforzaba en el campo a diario para ascender y desarrollar labores más complejas mientras trataba de aprender inglés por su cuenta con un diccionario de bolsillo. 'Hablé con uno de mis primos y me dijo que lo normal era que permaneciera en el campo el resto de mi vida', comentó el doctor, que en ese momento se dio cuenta de que tenía que arriesgar y explorar otros ámbitos, convencido de que la vida le tenía reservado otro futuro. Sus estudios en un colegio comunitario en los que aprendía inglés por las noches le permitieron optar por la universidad de Berkeley de California, donde ingresó gracias a las becas y el dinero que conseguía con trabajos extras y ayudas de particulares. En el último año decidió estudiar medicina a pesar de que en Estados Unidos se consideraba un campo 'elitista' para gente de altos ingresos y alta educación . 'Tuve un éxito increíble, apliqué y me aceptaron por escuelas de todo EEUU porque tenía muy buenas notas', declaró el mexicano, que finalmente optó por la universidad de Harvard, donde se graduó con honores, mientras trabajaba en un laboratorio y como profesor de clases particulares para costearse sus estudios. Su vocación en la búsqueda de un remedio contra el cáncer le llegó en su segundo año de residencia en San Francisco, donde atendió a un paciente hispano al que le diagnosticaron un tumor cerebral y que, como él, había emigrado de México a Estados Unidos para trabajar en el campo. 'Me dio una lástima enorme, me di cuenta de que el cáncer no respeta color de piel, razas ni religiones', dijo el mexicano, que desde 2005 trabaja como neurocirujano en el hospital Johns Hopkins, donde investiga en el laboratorio con células madre, opera y es profesor de la facultad de medicina. A sus 39 años, Quiñones-Hinojosa, casado y con tres hijos, declaró que una de las lecciones más importantes que ha aprendido en su vida es la perseverancia y animó a tener 'pasión, dedicación y sueños', ya que 'si tu mente lo puede concebir lo vas a lograr de una u otra forma es cuestión de tiempo'. 'No importa lo que hagas en esta vida, tienes que dedicarte en cuerpo y alma', comentó y añadió que, como en su caso, 'este país reconoce a la gente que trabaja duro'.
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