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El diseñador apuesta por la elegancia de la pata de elefante o por el aire chic del pitillo de talle alto para sus pantalones, que ciñen la silueta y resaltan la figura de una mujer más femenina y clásica que nunca. Javier Larrainzar envuelve a las féminas con prendas cuidadas al detalle en las que dominan las aplicaciones de jaretas, tablas y bordados de pedrería. Ruptura de la uniformidad en cuanto al color es la nota dominante de su colección para el próximo otoño-invierno, en la que los colores neutros en tonos delicados, como el crudo, y urbanos, como el gris, contrastan con otros más chillones. Larrainzar tiñe la noche de colores vivos con vestidos de seda, raso y terciopelo, lo que proporciona a sus diseños un toque atrevido a la vez que sofisticado, en una colección que busca la simplicidad, la comodidad y la elegancia de la mujer. También se atreve con el naranja para los chaquetones de piel, bolsos y vestidos de noche, en los que predominan los colores estridentes como el fucsia, el amarillo chillón, el rojo o el morado, combinados con adornos a la cintura de pedrería y tocados con plumas para el pelo. Amplios escotes, muchos de ellos palabra de honor, que dejan también al descubierto la espalda en sedas y terciopelos, ya sean lisos o estampados, realzan la figura en vestidos que se ajustan al cuerpo hasta la cintura para coger volumen en el bajo. Un toque más clásico imprime el diseñador a sus vestidos en oro o plata, con altas sandalias a juego, o las tonalidades del marfil y el negro solas o combinadas. Cerró el desfile de Larrainzar la elegancia de una novia con un vestido color marfil con adornos de pedrería en plata y una chaqueta corta de piel para paliar los rigores del invierno en uno de los días más importantes en la vida de una mujer.
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