Estudio revela que un fármaco para Parkinson ralentiza evolución enfermedad
Los pacientes de Parkinson que ingieren rasagilina están un 20 por ciento mejor que los que no toman este fármaco, y su enfermedad evoluciona más lentamente, según un estudio realizado entre 1.500 enfermos de todo el mundo.
Según ha informado hoy el neurólogo Gurutz Linazasoro, de la Policlínica Gipuzkoa de San Sebastián, el estudio, denominado Adagio, cuyos resultados se acaban de publicar, contiene datos que sugieren 'muy fuertemente' que la rasagilina puede hacer que la enfermedad evolucione de una manera más lenta.
Linazaroro ha explicado en rueda de prensa, con motivo de su intervención en el XV Curso Nacional de trastornos del movimiento, que se celebra en Zaragoza, que el reto de los últimos años en el Parkinson ha sido encontrar medicamentos que hagan que la progresión de la enfermedad sea más lenta y más benigna, de tal manera que una persona pueda estar muchos más años en buena situación física.
Por ello, el estudio Adagio convierte en estos momentos a la rasagilina en la principal novedad terapéutica para una enfermedad degenerativa, crónica, progresiva y no susceptible de tratamiento curativo y que afecta aproximadamente al 2 por ciento de las personas mayores de 65 años, aunque también hay casos registrado por debajo de los 40.
Además, ha señalado, con el envejecimiento progresivo de la población cada vez hay más casos y se estima que la tasa de Parkinson en España, con 120.000 afectados, se duplicará en el año 2030.
Con la rasagilina, según el estudio, los pacientes evolucionan más lentamente en un 20 por ciento, ha dicho Linazasoro.
Además de estos medicamentos, que no curan, pero mejoran los síntomas de la enfermedad, entre los tratamientos se ha referido a la cirugía, con la implantación de electrodos dentro del cerebro, y a los trasplantes de células madre en experimentación.
En el XV Curso Nacional de trastornos del movimiento, que se celebra hoy y mañana, el neurólogo Javier López del Val, del Hospital Clínico de Zaragoza, ha informado de que los pacientes españoles disponen desde hace un par de meses de una nueva toxina botulínica para tratar la distonía, que afecta de 3,5 a 10 de cada 100.000 habitantes.
La distonía es un movimiento involuntario de contractura de uno o varios músculos del cuerpo, o de un segmento corporal, que hace que el paciente adopte posturas en contra de su voluntad, incompatibles con la vida normal, y que se retuerza progresivamente, ha explicado Del Val.
Estos pacientes cuentan para su tratamiento con la toxina botulínica, que se le pincha en el músculo o músculos afectados y produce una relajación transitoria de ese territorio corporal, de entre cuatro a seis meses, al cabo de los cuales hay que volver a pincharlos.
Algunos enfermos no mejoran con esta toxina al crear anticuerpos contra la misma y hacerse resistentes, algo que ocurre entre el 20 y el 30 por ciento de los casos, mientras que a otro 20 a 25 por ciento no siempre les va bien.
Ahora, la nueva toxina botulínica, que se fabrica libre de carga proteica para que no genere anticuerpos, podrá beneficiar a un 45 por ciento de los afectados por distonía que son resistentes a la anterior o eran dudosos.