La sobriedad y la emoción contenida marcaron los funerales de Estado de Rainiero III de Mónaco, en una solemne y protocolaria ceremonia cargada de tristeza, que contó con la presencia de reyes, príncipes y líderes políticos de varios continentes. En total, 61 delegaciones internacionales, entre las cuales figuraban nueve jefes de Estado, se dieron cita en Mónaco. El Rey don Juan Carlos fue el representante español en la despedida oficial de quien él mismo había calificado como su amigo.
Representantes de 61 delegaciones internacionales llegaron a partir de las 10:00 horas de la mañana a la residencia de la familia principesca monegasca. Tras visitar la capilla ardiente de Rainiero, los invitados dieron el pésame a los tres hijos del monarca: Alberto, nuevo monarca, Carolina y Estefanía.
El cortejo fúnebre partió del palacio a las 11:00 hacia la catedral, realizando el mismo recorrido que en su día se hizo en el funeral de la princesa Gracia.
Posteriormente, los hijos de Rainiero tuvieron que contener varias veces el llanto, que Estefanía reprimió como pudo al final de la ceremonia religiosa, al igual que Alberto cuando fue leída una oración a petición de Rainiero -"protege a nuestro príncipe"- que simbolizaba el relevo de padre a hijo.