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En esta ocasión, la tripulación del George Washington asciende a 4.028 personas, entre marines y oficiales, muchos de ellos jóvenes de apenas 21 años que se enrolaron en la marina tras finalizar sus estudios de secundaria. El ambiente juvenil se deja sentir a bordo del portaaviones, donde centenares de marines, muchos de ellos de origen afroamericano u oriental, aguardan impacientes y entre risas los pequeños barcos que los llevarán hasta el puerto de Valparaíso, a 120 kilómetros al oeste de Santiago. En el interior de la basta nave, los marines cuentan con todo tipo de servicios para sentirse, en la medida de lo posible, como en casa. Cuando el horario laboral lo permite, la tripulación puede conectarse a Internet, ver películas, leer, hacer deporte en alguno de los seis gimnasios de la embarcación o incluso, para los más devotos, profundizar sus estudios religiosos en la capilla del buque. Las entrañas de la embarcación son un espacio laberíntico de acero, lleno de cables -el cableado interior asciende a 2.240 kilómetros-, escaleras y puertas que conectan los miles de compartimentos de la nave. Afuera, en la cubierta del portaaviones, el almirante Bill Cullom, al mando del grupo de combate, explicó los peligros que puede afrontar la nave, que entre 2003 y 2004 sirvió en Afganistán. 'Estamos listos para enfrentar los desafíos que todas las armadas tienen, como el narcotráfico o el tráfico de armas de destrucción masiva', dijo el almirante a los periodistas. También a bordo del George Washington, el comandante en jefe de la Armada chilena, Rodolfo Codina, se mostró impresionado por el tamaño y el equipamiento del portaaviones. Codina destacó 'la tecnología, el poder de combate de sus aviones y la capacidad para repararlos a bordo de la nave', al tiempo que señaló que el poder de la Armada estadounidense 'escapa a cualquier parámetro'. La cubierta de la embarcación ofrece una estampa espectacular, con 35 aviones de combate distribuidos por la pista de despegue y aterrizaje. El F-18 Hornet, el E2-C Hawkeye o varios modelos de helicópteros de combate Greyhound y de transporte son algunas de las aeronaves que yacen amenazantes a bordo del George Washington. Uno de los sitios de la nave donde la actividad no cesa en todo el día es la cocina, donde, según explicó el oficial responsable del abastecimiento del barco, Bill Skinner, se preparan diariamente más de 16.000 comidas. Un nutrido equipo de cocineros distribuido en seis enormes cocinas con parrillas y ollas gigantes ofrece a diario un menú internacional a la tripulación, que incluye especialidades mexicanas, italianas y la comida rápida que tanto gusta a los estadounidenses. Durante su estancia en Valparaíso, los efectivos del portaaviones participarán en varias actividades de carácter social, como la reparación y el acondicionamiento de varios centros escolares de la ciudad. También se celebrarán encuentros deportivos con la comunidad local con partidos de baloncesto, fútbol y voleibol contra equipos de la Armada y de la Universidad Católica de Valparaíso. El próximo domingo, el portaaviones George Washington partirá hacia el puerto californiano de San Diego, desde donde se dirigirá hacia su destino final, la ciudad japonesa de Yokosuka, donde está previsto que llegue en agosto.
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