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Otros países en los que el presupuesto militar es, al menos, cinco veces superior al gasto en ayuda humanitaria son Canadá, Alemania, Nueva Zelanda y España, mientras que en Dinamarca, Luxemburgo, Irlanda, Bélgica, Países Bajos, Noruega, Suecia y Suiza no llega a triplicarse. Para el PNUD, estas proporciones 'no tienen sentido' en un mundo en el que 'los propios gobiernos de los países desarrollados reconocen cada vez más los vínculos entre amenazas a la seguridad y pobreza mundial'.
En opinión de los responsables del informe, cualquier evaluación de las amenazas a la vida humana refleja una 'asimetría notable' entre el presupuesto militar y las necesidades de las personas. Un dato: el dinero que los países desarrollados dedican al año a luchar contra el sida -que mata a tres millones de personas anualmente- representa únicamente lo invertido en armamento durante tres días. Sin embargo, si los 118.000 millones de dólares en que se ha aumentado el gasto militar entre 2000 y 2003 se hubiera dedicado a ayuda humanitaria, ésta supondría hoy cerca del 0,7 por ciento del Ingreso Nacional Bruto (INB) de los países ricos. Con sólo el 3 por ciento de esa cantidad (unos 4.000 millones de dólares) se podría evitar la muerte de tres millones de niños al año. La pobreza no es una prioridad Entre los países que más porcentaje de su INB per cápita (medido en función de su número de habitantes) dedican a la ayuda humanitaria se encuentra Noruega, Luxemburgo, Suecia, Países Bajos, Dinamarca, Suiza y Bélgica, aunque en ninguno de esos casos se rebasa el 1 por ciento de los ingresos nacionales. Entre los principales receptores de las ayudas, medidas también en función de su población, se encuentran Cabo Verde, los territorios palestinos ocupados, Tonga, Santo Tomé y Príncipe, y Jordania. 'Si la guerra contra la pobreza es una prioridad, simplemente no resulta creíble que los gobiernos le asignen tan poca importancia al presupuesto de ayuda humanitaria', cuyo propósito -recuerda el PNUD- es 'salvar vidas'.
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