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El cerro tiene casi unas ocho mil hectáreas, y es el principal patrimonio de los Paî, su seña de identidad fundamental, además de su principal factor de cohesión y el elemento vertebrador de su cultura inmaterial y de su religiosidad, ha informado hoy el Museo de Altamira en nota de prensa. El área está cubierta de bosque primario en medio de un paisaje degradado, lo que añade a su gran valor cultural otros naturales. El Museo de Altamira impulsó ya en 2004 y 2006 una asistencia preeliminar, y ahora llevará a cabo labores de documentación y valoración del patrimonio cultural inmaterial (tradición oral y creencias), así como del arqueológico en el que destacan varios abrigos con arte rupestre. El proyecto está subvencionado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y se realiza con recursos humanos y técnicos de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura. El equipo que se desplazará a la zona está formado por arqueólogos profesionales del Museo y contratados externos, al que se añadirán en Paraguay sociólogos y especialistas en cultura Paî para trabajar conjuntamente con miembros del Paî Reta Joaju y con los Tekoharuvicha (autoridades religiosas Paî). El enclave objeto del estudio cuenta con grandes abrigos donde se muestran ejemplos de arte rupestre con centenares de signos y figuras grabadas que los Paî interpretan simbólicamente. Dominan los motivos geométricos pero también hay figuras humanas esquemáticas, vulvas, y lo que parecen huellas de jaguar, ñandú, venado y humanas. Se trata de un arte rupestre datado entre el segundo milenio antes de nuestra era y la colonización española, que se extiende por toda Argentina, Bolivia y Brasil. Desde el Museo de Altamira se asegura que el arte rupestre de Jasuka Venda, por su magnitud y densidad, podría ocupar el lugar central de esa enorme área de distribución, ya que además son inéditos y su publicación podría tener un gran impacto científico internacional.
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