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Este crecimiento demográfico en los próximos 27 años duplicará la población urbana de África hasta llegar a 742 millones y la de Asia hasta 2.640 millones, los dos continentes actualmente con más residentes rurales. En el caso de América Latina y el Caribe, la población urbana se espera que pase de 394 millones de habitantes registrados en 2000, a 609 millones en el 2030. Esta última región tiene una tasa de población urbana actualmente del 77 por ciento, incluso por encima de la media de Europa. Sin embargo, el informe señala que ese crecimiento no se concentrará en las 20 megaciudades del mundo, como son México DF, Buenos Aires o Sao Paulo, si no más bien en urbes medianas con una población de 500.000 habitantes. Al contrario que en el pasado, este aumento no refleja la emigración del campo a la ciudad, sino más bien al crecimiento vegetativo de la actual población urbana y especialmente de los sectores más pobres. Eso no significa que sea un fenómeno negativo, advierte el informe. Recuerda que desde la revolución industrial ningún país ha logrado desarrollar sustancialmente su economía sin un crecimiento paralelo de la población urbana. 'Las ciudades concentran la pobreza, pero también encarnan la mejor esperanza de los pobres para escapar de ella', sostiene el documento. Las razones esgrimidas son que la densidad simplifica el acceso a empleos, cuidados de salud, escuelas y servicios básicos, al tiempo que la vida urbana facilita el surgimiento de organizaciones civiles y una mayor participación social de la mujer. En ese sentido, apunta que los estudios muestran que, por ejemplo, la urbanización contribuyó un 28 por ciento a la reducción del 1,2 por ciento de la pobreza en Bolivia entre 1999 y 2005. Sin embargo, la UNFP considera que la tendencia de los gobiernos a desalentar el crecimiento de la población urbana, y la consiguiente falta de planificación, han contribuido a que los pobres terminen viviendo en barrios marginales donde las potenciales ventajas de la ciudad no se materializan. Las llamadas villas miserias o favelas son hoy en día el hogar de unos 1.000 millones de personas. Los gobiernos locales deben identificar tierras dónde edificar legalmente, proporcionar servicios mínimos y asfaltar las calles para que los pobres puedan construir sus nuevas vidas, especialmente en las ciudades medianas donde aún hay disponibilidad de suelo, agrega UNFPA. 'La urbanización ofrece la oportunidad de reducir la pobreza, la desigualdad de género y la promoción del desarrollo sostenible, pero si no se corrige las prácticas caducas y no se hacen los preparativos correspondientes, podría tener el
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