Ovidio recoge agua del Jordán para hijo de Príncipes de Asturias
El agua del Jordán es recogida todos los años del río y cerca de una zona minada por el hermano franciscano español Ovidio Dueñas 'con una lata atada a una cuerda', para regalarla a los que quieran bautizar a sus hijos con el agua bíblica, como harán con su primogénito los Príncipes de Asturias.
La semana pasada el hermano Ovidio regaló al Cónsul de España en Jerusalén, José María Ferré, dos botellas de agua del Jordán para el próximo bautizo del descendiente de los Príncipes de Asturias y cumplir así con la tradición de la Casa Real de bautizar a sus vástagos con agua del río bíblico.
'Tenemos constancia que desde el siglo IV los peregrinos que venían a Tierra Santa se bautizaban en el río Jordán y se llevaban agua para sus parientes', refiere.
El hermano Ovidio Dueñas, de 64 años y natural de Villandiego (Burgos), es el encargado de la tienda de objetos religiosos del convento de San Salvador de Jerusalén, una impresionante ciudad-fortaleza con 24 patios y sólidos muros de piedra, situada en el corazón del barrio cristiano de la ciudad santa y casa madre desde 1559 de la Custodia de Tierra Santa.
'El agua no se vende, se regala. Con ella no hacemos negocio y desde que se ha dado publicidad a los bautizos reales con agua del Jordán, no hacemos más que recibir pedidos', agrega el hermano que vive desde hace 35 años en Jerusalén.
La mayoría de las tiendas de recuerdos de los palestinos del barrio cristiano de Jerusalén, e incluso muchas israelíes, venden pequeños envases con agua del Jordán 'pero de la autenticidad de ella no respondo, porque no es tarea fácil recogerla'.
El próximo jueves y como todos los años, los franciscanos acuden en peregrinación al río Jordán, al lugar donde fue bautizado Jesús, acompañados por el Ejército israelí pues 'hay zonas minadas' al quedar convertido el río en la frontera de Israel con Jordania desde la Guerra de los Seis Días de 1967.
Cuando los frailes caminan en peregrinación 'yo me adelanto hacia el río y pido a los soldados que me dejen avanzar porque que voy a coger agua'.
'Lanzamos la lata atada con una cuerda al centro del río para que recoja el líquido allí donde Jesús fue bautizado por San Juan Bautista y después, la introducimos en bidones', refiere.
El proceso no acaba ahí porque el agua está sucia de limo y necesita ser hervida, filtrada y luego 'introducida en unas botellas que lacramos para conservarlas durante todo el año'.
Las botellas de vidrio, con las inscripciones 'Aqua ex Jordane' y la insignia de la Cruz de Tierra Santa, datan de 1930. 'Ya se me están acabando las botellas -comenta- regalamos y regalamos pero no se reponen, aunque creo que tendré mientras yo viva'.
El hermano Ovidio se levanta a las cuatro de la madrugada para ir al Santo Sepulcro donde prepara el altar y atiende misa de cuatro y media.
El burgalés es la cara amable del convento y en su 'chiringuito' como denominan los peregrinos a la tienda, recibe a todos los que busquen charla, café o un poco de calor en una ciudad muy santa, pero de ambiente tenso y agresivo.
'¡Le voy a sacar un poco de jamón que está deseando!', exclama Ovidio y abre un armario del que por el arte de birlibirloque asoman jamones, chorizos y otros derivados porcinos prohibidas tanto para judíos como para musulmanes.
Los visitantes son agasajados con lo que los franciscanos reciben de los peregrinos, mientras dos ruiseñores de Tierra Santa revolotean en libertad sobre los objetos religiosos, se beben las limonadas de los contertulios y se posan en la cabeza de hasta los más ilustres.
El almacén esta abarrotado de crucifijos, rosarios, belenes e incontables objetos de madera que elaboran los palestinos cristianos de Belén desde tiempos del Imperio Otomano, 'de cuando los turcos prohibían trabajar a los cristianos y nos inventamos este quehacer para ellos, para que pudieran salir adelante', dice.
En el chiringuito de San Salvador alternan sin protocolos diplomáticos con obispos, políticos con guardia civiles, periodistas con frailes o peregrinos. 'Muchos vienen a por agua para un bautizo, otros a por rosarios y todos a pasar un buen rato y a tomar un piscolabis y yo encantado porque estoy convencido de que cuanto más das, más recibes'.