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tailandia-sida (crónica) 19-12-2007


Vivos y muertos tienen su espacio en el monasterio del sida


Enfermos que mantienen la esperanza de vencer al virus del sida y cadáveres momificados de aquellos que ya sucumbieron tras un sufrimiento similar son los inquilinos del atípico monasterio budista de Prabaht Nam Phu.


El hospital del templo está lleno de pacientes esqueléticos que, con la piel oscurecida y llagada por las infecciones, intentan alargar al máximo su vida gracias al cuidado de los monjes y a los medicamentos antiretrovirales que reciben de forma gratuita o a un módico precio.

A unos poco metros de esa clínica para moribundos se encuentra el museo en el que se exhiben cadáveres momificados, cofres con cenizas y huesos de seres humanos que perdieron la batalla contra el sida, y cuyos restos nunca fueron reclamados por sus familias.

Los cadáveres, unos en formol y otros disecados, están expuestos en una espaciosa sala, y cerca de cada uno hay un breve historial escrito que da algunos detalles sobre la vida de la víctima y las circunstancias por las cuales contrajo la enfermedad.

Así por ejemplo, un escrito relata la vida de un travestido que cambio de sexo y que ejerciendo la prostitución se contagió por medio de un cliente, y en otro se explica que el cadáver que el visitante contempla con cierto horror, correspondió a un homosexual con un comportamiento promiscuo.

También se expone la momia de un hombre que visitaba prostitutas, la de una mujer que contrajo el virus de su marido, y espeluznantes cadáveres de tres niños que nacieron infectados y fallecieron cuando todavía no habían cumplido los seis años.

'El museo abrió sus puertas gracias a los enfermos, pacientes del templo, que donaron sus cuerpos con el objetivo de concienciar a las personas sobre el poder destructivo de este virus', explicó a Efe Sayamon Unboonrueng, miembro de la dirección de la fundación que se encarga de su gestión y recauda fondos para ayudar a los afectados por el sida.

La exhibición de cadáveres del llamado 'Museo de la vida' quiere ser un severo mensaje a la sociedad tailandesa sobre la amenaza del virus, desde el punto de vista de las enseñanzas budistas sobre el ciclo de la vida y la muerte de todo ser viviente.

Phrabaht Nam Phu, ubicado a 150 kilómetros al norte de la capital de Tailandia en las montañas de la provincia de Lopburi, es un complejo de pequeños edificios en el que reina la tranquilidad, y en el que se alojan cerca de medio millar de pacientes infectados por el sida, entre ellos unos 140 niños.

Cerca de otros diez mil enfermos terminales están apuntados en la lista de espera del monasterio que dirige Alongkot Dikkapanyo, un ingeniero que 54 años que tres décadas atrás dejó su trabajo en el Ministerio de Agricultura para convertirse en monje, y transformar ese recinto religioso en un hospicio donde albergar a los enfermos de sida que eran rechazados por la sociedad.

La idea de fundar el hospicio surgió en 1992, cuando dio cobijo en el monasterio de Phrabath Nam Phu, que significa 'Templo de las huellas de Buda', a una persona que se moría a causa del sida, una enfermedad que por entonces ya comenzaba a causar estragos.

Unos dos años después, en el monasterio vivían ya ocho enfermos desahuciados por los médicos y sin un lugar donde pasar los últimos días de su vida.

'En la peor época, la de la veloz propagación del sida, tuvimos que montar seis incineradoras de cadáveres, que ahora forman parte del museo', explicó Sayamon.

La creación del hospicio y la gran afluencia de enfermos hizo que la gente de las proximidades se negara a visitar el monasterio, boicoteara las donaciones, e incluso llevó a algunos aldeanos llegaron a amenazar a los monjes por temor a contraer el virus.

Hoy el panorama no es el mismo, y con el apoyo de la sociedad, la fundación ha construido viviendas, guarderías y una escuela para los enfermos en las faldas de la montaña sobre la que se levanta el monasterio.

Además de los monjes, que por norma budista tienen prohibido tocar a una mujer, también en la clínica trabajan una veintena de enfermeras que cuidan de las pacientes, quienes se quejan más de la discriminación social que siguen sufriendo que de los dolores que les causa la enfermedad.

Según la dirección del monasterio, en su clínica mueren cada mes entre diez y quince enfermos, y desde que se creó, por las incineradoras del recinto han pasado más de 10.000 cadáveres.

En Tailandia, un país donde los programas de prevención del sida se han desarrollado con éxito, según Naciones Unidas, han muerto cerca de medio millón de personas a causa de esa enfermedad desde que se detectó el primer caso en 1984.

El Ministerio de Sanidad estima que en torno a medio millón de tailandeses son portadores del virus del sida y que es preciso suministrar antiretrovirales a cerca de 100.000, el doble de los ahora reciben esa clase de medicamentos.



Terra Actualidad - EFE

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