La parricida de Melilla tenía planes de boda con su amante de Tenerife
El amante de la parricida de Melilla, Cesáreo A. P., declaró este jueves, en el juicio que se sigue contra Francisca Ballesteros por el envenenamiento de su marido y sus tres hijos, que tenían planes de contraer matrimonio con la acusada tras conocerse por Internet y encontrarse en Tenerife en un viaje que hizo esta mujer en diciembre de 2003, un mes antes de la muerte de su esposo.
Cesáreo A. P. testificó desde su lugar de residencia, en San Cristóbal de la Laguna (Tenerife) a través de videoconferencia, que conocía a la acusada desde agosto de 2003, cuando empezó a 'chatear' con ella. Francisca, que usaba el 'nick' (apodo) de Fogosa', le aseguró que era viuda y que su marido y su hija habían muerto en un accidente de tráfico.
Cuatro meses más tarde, ambos se encontraron en Tenerife y mantuvieron relaciones en un hotel. Fue allí donde el canario le pidió matrimonio y ella aceptó con previsión de instalarse en un futuro en la isla aunque no concretaron ninguna fecha porque 'ella dijo que primero tenía que vender su casa de Melilla'. Sin embargo, el amante terminó por cortar la relación porque 'fue dándome largas' sin motivo aparente, coincidiendo en el tiempo con la muerte de su marido y cinco meses más tarde la de su hija Sandra, de 15 años.
La acusada
Mantuvieron relaciones en un hotel El testigo dijo que nunca llegó a pensar que Francisca Ballesteros estuviera casada y tuviera dos hijos. La única anécdota de la que pudo sospechar fue una conversación telefónica que mantuvo con ella en la que escuchó de fondo la palabra 'mamá'. Ella contestó que estaba cuidando al hijo de unos amigos y que le tenía tanto cariño que le trataba como si fuera su madre.
La segunda vista del caso que se sigue contra esta mujer concluyó con los testimonios de los peritos que aseguraron que Ballesteros 'era consciente de lo que hacía' cuando echaba medicamentos a la comida y bebida de su familia. Según el autor del informe psiquiátrico que se realizó tres meses después de su detención, la acusada no padecía trastornos psicóticos ni de personalidad, tenía pleno uso de sus facultades mentales y autonomía para dirigir su voluntad.
A preguntas del fiscal el autor del informe explicó que la acusada le confesó que había matado a su marido mediante la administración prolongada del medicamento Colme porque era 'un maltratador físico y sobre todo psicológico'. Durante las entrevistas con el psiquiatra, Francisca también dijo que administró el fármaco a sus hijos por una 'motivación compasiva' ya que 'se querían ir con su padre fallecido'.
Los médicos forenses que realizaron las autopsias afirmaron que sólo hallaron restos de Colme en muestras orgánicas del cadáver de Sandra, ya que esa sustancia se elimina en un intervalo de entre 6 y 12 horas. Los forenses confirmaron que también encontraron en el cuerpo de Sandra, de su padre y de su hermano Antonio restos de Zolpidem y 'Bromazepan', unos sedantes que causan debilitamiento y que, según el fiscal, fueron suministrados 'para anular su capacidad de pedir ayuda'.
En la primera vista del juicio, en la que testificó la acusada, ésta reconoció haber envenenado a su marido porque la maltrataba y afirmó que medicó a sus hijos para evitar que sufrieran porque también padecían este maltrato.
El Fiscal solicita 79 años de cárcel para Francisca Ballesteros por cometer cuatro asesinatos por envenenamiento, tres consumados (su hija Florinda, de cinco meses de edad, en 1990; su marido Antonio González, de 42 años, fallecido en enero de 2004, y su hija Sandra de 15 años fallecida en junio de 2004) y uno en grado de tentativa contra su hijo Antonio, que tenía 12 años cuando su madre fue detenida el 7 de junio de 2004, y es el único superviviente de la familia.