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Ha sido casi un funeral de Estado. Miles de valencianos dieron su último adiós a los 41 fallecidos en el accidente del metro. La avalancha de gente dejó pequeñas la tres naves del templo mayor de la ciudad, lo que obligó a muchos de los asistentes a seguir el oficio desde la cercana Plaza de La Reina. Don Juan Carlos y doña Sofía, recibidos entre aplausos, mostraron su lado humano y consolaron a buena parte de los casi dos centenares de familiares de los fallecidos que asistieron a las honras. Desde dos horas antes del inicio de la misa, que no fue de "cuerpo presente", centenares de vecinos de Valencia y de las ciudades de su cinturón metropolitano, también afectadas por la tragedia, se agolpaban frente a la estrecha "Puerta de Hierro" que da acceso a la iglesia. El calor y bochorno no desanimaron a los valencianos y a los numerosos turistas, que aguardaron pacientes en plaza de la catedral, engalanada con banderas con los colores vaticanos (hoy tocadas con crespones negros) con motivo de la próxima visita del Papa. La explanada estaba blindada por numerosos agentes de las fuerzas de seguridad y vigilada siempre por un helicóptero. Seis minutos después de las 18,00 horas el templo abrió sus puertas. Entre los primeros en llegar estaban los familiares de las víctimas mortales con rostros desencajados, lágrimas en los ojos y miradas perdidas. Una cerrada ovación, fuera y dentro de la basílica, acompañó a los deudos en todo momento. Tres autobuses habían trasladado a los familiares desde el tanatorio municipal, donde fueron asistidos por psicólogos y voluntarios de la Cruz Roja, que durante la celebración también tuvieron que emplearse a fondo para atender a los deudos. También los "voluntarios" del Encuentro Mundial de las Familias colaboraron en la organización de las exequias y en la colocación de las decenas de coronas de flores que inundaron la iglesia y los exteriores. Llegada de los Reyes Los Reyes, con gesto muy compungido y de luto riguroso, llegaron a la catedral a las 18,54 horas, poco después de que las campanas del cercano "Miquelet" comenzaran a tañer el "clamoreo", un toque de difuntos tradicional valenciano. Don Juan Carlos y doña Sofía fueron recibidos a las puertas del templo por Rodríguez Zapatero, Camps y Barberá. Durante unos instantes, antes de entrar a la iglesia, el presidente de la Generalitat informó al Rey de las últimas novedades sobre la tragedia, mientras la Reina departía con Rodríguez Zapatero. Los Reyes entraron en la basílica detrás de una larga comitiva de los oficiantes y, de nuevo, entre aplausos. En los ojos de la Reina se adivinaron las primeras lágrimas, apenas llegó frente al altar y dirigió su mirada a los primeros bancos donde se sentaban los familiares de las víctimas. La misa se desarrolló bajo un calor sofocante. Muchos de 1.200 presentes dentro de la iglesia, incluida doña Sofía, recurrieron al alivio de los abanicos a lo largo de la celebración que duró casi una hora y cuarto. El bochorno era tal que los voluntarios de la Cruz Roja tuvieron que repartir botellas de aguas entre los presentes en plena eucaristía para evitar desmayos. Homilía Ofició la "misa requiem cantada" el arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, asistido por numerosos obispos y sacerdotes, que ya se encontraban en la ciudad para preparar la visita de Benedicto XVI. García Gasco se dirigió a los familiares de los fallecidos a los que el accidente "les arrebató la vida de forma repentina" para que busquen "el consuelo en la palabra de Dios". El prelado, que insistió en la "comunión" de todos los presentes con el drama vivido por las familias de las 41 víctimas mortales, en su homilía también transmitió a los familiares la "cercanía del Papa que os recuerda y reza por vosotros". "Los sentimientos que experimentamos son tan intensos que las palabras parecen insuficientes", reconoció el oficiante, antes de que se leyera una carta de condolencia enviada por el Pontífice, recibida con aplausos. Consolar a los familiares Al final de la celebración, los Reyes, que dieron su pésame en persona a los alcaldes de todos los pueblos afectados, se dirigieron donde se encontraban los familiares de los malogrados pasajeros. Fueron los momentos más emotivos. Don Juan Carlos y doña Sofía saludaron a los allegados situados a lo largo de toda la basílica y ofrecieron su consuelo mientras una nueva ovación cerrada despedía su salida del templo. Amplia representación La representación institucional bien podía haber sido la de un funeral de Estado. Además de los Reyes y el presidente del Ejecutivo y su esposa, acudieron a la catedral el presidente del Congreso, Manuel Marín; el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando; la presidenta del Tribunal Constitucional, Maria Emilia Casas; el vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes; el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla; el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps; la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá; el presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, Juan Luis de la Rúa; el presidente murciano, Ramón Valcárcel; el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón; el líder del PP, Mariano Rajoy; el secretario de Organización del PSOE, José Blanco; el portavoz popular en el Congreso, Eduardo Zaplana; el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, además de todos los miembros del consistorio valenciano y del Gobierno autónomo, numerosos alcaldes de la comunidad y de municipios de la Huerta Sur, representantes del estamento militar y diputados nacionales.
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